Crónica: Tormento Silencio

Silencio

El tiempo se mide, se toma y se observa, pero nunca se detiene. Estos últimos meses han sido duros para muchos, y en esta lista me incluyo. Hemos sido obligados a retornar a costumbres arcaicas y condiciones jamás soñadas. Todo el sentido de comodidad que nos arropaba en el pasado, desvaneció repentinamente. Pienso en cómo canalizar todas estas emociones para lograr encontrar la calma dentro de tanto desasosiego. Han pasado más de cien días desde el paso del huracán María por la isla de Puerto Rico y exactamente ese mismo tiempo llevo sin energía eléctrica. Represento un bolsillo como muchos otros: el tendido eléctrico que está enfrente a mi residencia está energizado mientras yo aún vivo a oscuras.

Ser periodista

Tres días luego de que el ciclón tocara suelo boricua, me encontraba sentado detrás de mi escritorio tratando de producir contenido noticioso para informar al País. Soy periodista y era mi deber estar ahí, aún con el problema de comunicación que mantuvo a muchos desconectados durante semanas.  Día tras día, paulatinamente, mientras trabajaba con las cifras que ofrecían sobre los avances en la Isla, solo una era incierta: la electricidad. Era imposible para nosotros poder informar de manera precisa, ya que solo bastaban segundos para que los números de ciudadanos energizados cambiaran.

Nunca pensamos estar en estas condiciones tan precarias que enfrentamos al momento. Además de la falta de recursos y cuestiones materiales, desde luego, a la crisis se le suma el sufrimiento que todo esto ha causado. Soy testigo de que aún hay comunidades bajo escombros, personas sin agua potable y muchos durmiendo en lugares que no son seguros. Fueron muchas las lágrimas que tuvimos que secar, muchas las penas que tuvimos que escuchar y aún así, voces permanecen silenciadas.

Observo un mundo al que no deseo pertenecer: un montaje, manos tibias por miedo al poder, costumbres que van en contra del origen de mi vocación. Prestigio, mentira, burla y división social. Qué difícil es ser periodista en mi País.

Desesperanza

Una de las historias que tuve que trabajar y nunca olvidaré es la de una familia en Hato Rey. Nuestra reportera llegó hasta su hogar y estaba destruido: el techo había colapsado y todo estaba mojado. Allí vivía una familia puertorriqueña que desde su sala sin techo observaba el logo de unos de los bancos más poderosos en la Isla. Esa imagen no la olvidaré nunca. Era como estar entre la riqueza y la pobreza al mismo tiempo: una dualidad indescifrable. Dormían en un sofá húmedo porque lo habían perdido todo. Lavaban su ropa a diario porque no tenían qué ponerse. Las gotas de agua caían de lo que quedaba de techo, como las lágrimas de sus ojos, sin esperanza a detenerse. ¿Entonces? Silencio.

El gobierno trabaja con una logística que traducida en desesperanza para todos los ciudadanos. Son frases como estas las que se escuchan en los rincones de los barrios ante el paso de los días y las pocas expectativas de mejora. “Mija’ no te hagas de ilusiones, despedimos el año a oscuras”, “Son unos corruptos todos, imagino que en sus casas están todos calientitos y a mí que me coman los mosquitos”, “Allá arriba, ninguno es peor que el otro, todos son iguales”.

Utilizan la publicidad para alegrar el corazón del consumidor de tal manera que le hacen pensar que aún sin luz, la podemos pasar bien. Esto es momentáneo, no hay mal que dure para siempre, nos intentan convencer. Ahora bien, ¿quién trabajará con el recuerdo que quedará penetrado en lo más profundo de nuestro corazón? Aquel recuerdo de lo que fue Puerto Rico antes de María.

Siempre fallamos en los aspectos más pequeños. Puerto Rico levanta sus hogares, pero, ¿quién levanta a las familias separadas por el desespero? Puerto Rico se levanta, pero, ¿quién recibe aliento por una muerte causada por falta de electricidad en los hospitales del País? Puerto Rico se levanta, ¿pero con la ayuda de quién?

Silencio. Así comenzó todo, hubo un silencio que luego se convirtió en el llanto de todos. Duró aproximadamente unas 17 horas en la isla. Hoy estamos de vuelta al silencio, pero en otras condiciones.

Tinta_Digital

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Colaborador/a de Tinta Digital

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