Crónica de una piscina olvidada

La piscina Municipal Nicolás «Tilín» Pérez en Vega Baja se encuentra cerrada desde el azote del huracán María.

Por: Gabriel A. Zayas Santiago (gabriel.zayas1@upr.edu)

La piscina Municipal de Vega Baja es hogar de sapos. Ha sido olvidada, abandonada a tal punto que sus aguas son ahora de color verde olivo como las de su vecina, Laguna de Tortuguero. El olor a humedad y animal muerto hace recordar que desde que azotó el huracán María a Puerto Rico, este albergue de atletas es ahora hogar de sapos. Un lugar que fue el motivo de felicidad en mi vida durante los diez años que practiqué el deporte de la natación, ha sido desahuciado. El hogar de tres equipos locales de natación ahora desamparados de las facilidades necesarias para practicar. Un obrero sin herramientas no puede obrar.

Se encuentran sapos viviendo dentro de la facilidad acuática.

Recuerdo aquella noche que llegué a la piscina por primera vez y vi ese majestuoso rectángulo de 50 metros de largo y 25 de ancho, lleno hasta el tope de agua cristalina y aclorada. Era realmente impresionante, pero a la vez intimidante para un niño de 7 años ver una isla dentro de una isla. Me lancé, comencé a nadar. En aquel momento, no había nada en este mundo que quisiera hacer más que quedarme allí sumergido entre las aguas.

Comencé en la natación luego de que mi instructor, quien luego sería mi dirigente, Miguel Ramos, me invitara a un “tryout” para su equipo, que es miembro de la Liga Acuática de Natación Puertorriqueña (LANP). Mike’s Swimming Club sería la nueva familia con quien compartiría la facilidad acuática.

Me enamoré del arte y el estudio de su práctica. El olor a cloro y el ruido de mis brazos deslizándose en el agua componían una sinfonía que nunca me cansaba de escuchar. En el complejo olímpico encontraba paz y tranquilidad. Podía organizar mis pensamientos y alejarme de los problemas que un joven enfrenta en su juventud. Cuando estaba allí adentro, no había problema escolar o personal que perturbara mi felicidad. Era mucho más que solo el lugar donde se llevaban a cabo mis prácticas.

Durante todos esos años como atleta, visité las facilidades municipales de tres a cuatro veces por semana para practicar. Cada mes había al menos una competencia de natación pautada allí. Tuve la dicha de poder disfrutar y participar de algunas. Este sueño ya no será posible para otros jóvenes.

La piscina olímpica está localizada en el sector de Tortuguero en Vega Baja. (Foto suministrada)

 

Sobre 100 niños y jóvenes nadadores se han quedado sin la opción de poder nadar. Es irónico pensar que no se puede nadar en una isla rodeada de agua. Sin embargo, no es la primera vez que mi piscina está cerrada por pérdida total de motores, cables y químicos de mantenimiento. Es decir, por el abandono.

Hace cinco años recuerdo haber recibido un mensaje de Miguel Ramos informando que la piscina estaba cerrada ya que representaba una amenaza de salud y como si fuera poco, también por fallas mecánicas. En medio de la temporada, es devastador para un nadador escuchar esas noticias. Tocaba buscar un refugio que recibiera a Mike’s Swimming Club para que los atletas pudiéramos continuar el entrenamiento. El municipio de Corozal extendió sus brazos y nos acopló por tres meses durante la reconstrucción de nuestro hogar. Fue un gesto empático, aunque no le restó al sentimiento de impotencia por no poder entrenar donde siempre.

La piscina fue cerrada en el 2013 debido a fallas en los motores de filtro. (Foto suministrada)

El Municipio de Vega Baja reaccionó relativamente rápido a las quejas en aquella ocasión y tardó aproximadamente cinco meses para reabrir las puertas de la instalación deportiva. Sin embargo, cinco años más tarde, ese no es el caso ahora. La piscina no se ha recuperado de María. Los rasgos del huracán todavía la atormentan, ocho meses más tarde.

“Esperamos que para diciembre la abran”, dijo Ramos. “No culpo a los niños que se fueron a otros deportes. No tengo nada que ofrecerles. Es difícil mantenerlos a ellos motivados cuando uno mismo se deprime”.

Faltan semanas para comenzar la nueva temporada de huracanes y la natación puertorriqueña sigue en paro en Vega Baja. Muchos jóvenes se les está privando la experiencia de crecer alrededor del deporte acuático. El ejercicio más completo del mundo es un lujo que otros municipios como Manatí y Barceloneta pueden ofrecer, pero mi casa en Vega baja, de la cual soy producto, sigue en ruinas.

Me parte el corazón verla en ese estado. Me entristece ver el brillo de los ojos en los niños opacarse al tiempo que una de las maravillas de la natación se desvanece frente a ellos. Aquel majestuoso rectángulo que una vez me robo el aliento con su apariencia, hoy día hace que el estómago se voltee por su desagradable apariencia.

El complejo deportivo no ha recibido ayuda del Municipio de Vega Baja.

Hemos escuchado refranes como:  Cuando veas tú casa quemar, llégate a calentar. Eso se traduce a la importancia de mantenerse optimista en los males sin remedio, y buscar la manera de sacar el mejor partido de las desgracias. La piscina me hizo quien soy  y todavía tiene muchas vidas para formar y educar. Esperemos que algún día pronto, en Vega Baja se pueda volver a nadar.

Gabriel Zayas

Author: Gabriel Zayas

Estudiante de Comunicación Tele-Radial de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo

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