‘‘Misi Vivian’’ dando una clase de Ciencias a sus alumnos actuales
‘‘Misi Vivian’’ dando una clase de Ciencias a sus alumnos actuales

Andrea Karina Díaz Cabrera

‘‘No me arrepiento de haber escogido esta hermosa profesión’’

Las vivencias de una maestra son muchas, y más cuando lleva tres décadas laborando como tal. Son muchos los educadores que podrían hasta escribir un libro de todo lo que han experimentado durante sus años de experiencia. Vivian Cabrera Cordero no es la excepción.

Vivian Cabrera Cordero, mejor conocida como Misi Vivian, nació el 26 de mayo de 1962 en Brooklyn, Nueva York. Sus padres, fueron de los cientos de puertorriqueños que emigraron a ese estado en busca de mejores oportunidades de vida en la década de los 50. A sus siete de años de edad, sus progenitores decidieron regresar a la Isla.

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Comenzó su bachillerato en Educación Elemental, con una doble especialidad en Kindergarten a tercer grado y cuarto a sexto grado, en el Colegio Universitario Tecnológico de Arecibo (CUTA, ahora Universidad de Puerto Rico en Arecibo). Luego se  trasladó a la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. Allí, también tomó clases de teatro escolar. Terminó sus estudios en diciembre de 1984.

¿Qué la motivó a ser maestra?

Desde pequeña, me gustaba estar rodeada de niños. Siempre me gustaba trabajar con ellos, especialmente en la iglesia y en viajes misioneros a los que asistía. En un momento dado, me decidí ser pediatra o maestra. Como mis padres no tenían dinero para irme a estudiar medicina, me decidí por ser maestra. Como quiera cumplí mi sueño de trabajar con niños y es algo de lo que no me arrepiento.

¿Cuándo comenzaste a ser maestra y qué grados ha enseñado?

Cuando terminé mi Bachillerato en diciembre de 1984, un director de escuela y miembro de la iglesia a la que asisto me dijo que estaban buscando una maestra de Teatro para una escuela intermedia en mi pueblo. Entre una cosa y la otra, fui a la oficina de la Región Educativa de Arecibo para una entrevista y me dieron el empleo, gracias a los cursos de Teatro Escolar que tomé en la UPR-RP. En enero de 1985 comencé a ser maestra, prácticamente sin pasar un mes de terminar el Bachillerato y sin haberme graduado. Solo estuve como maestra en esa escuela durante un semestre’’. Esta fue su única experiencia siendo maestra de escuela intermedia y maestra de Teatro.

He sido maestra de primer y tercer grado. También fui maestra de Kindergarten durante veinte y un años y actualmente doy segundo grado. Durante mi tiempo en Kindergarten, di inglés. Ahora mismo, doy todas las materias excepto educación física e inglés. Y sabes que si falta la maestra de educación física o la de inglés, tengo que quedarme con los estudiantes durante esa hora e ingeniármelas para que se mantengan ocupados y no se queden realengos por ahí.

¿Qué la satisface como maestra?

Me satisface mucho enterarme que uno de mis estudiantes llegó a ser abogado, enfermero, contable, maestro, ya que me hace pensar que fui la primera en poner un granito de arena en su educación. Por lo general, cuando voy al supermercado o a la farmacia, me encuentro con estudiantes, muchos de ellos ya adultos y todavía me recuerdan y dicen que me veo igualita. Lo más curioso es cuando tengo un estudiante al que le di clases a su mamá o papá, eso me demuestra que los años no pasan en vano.

¿Qué diferencias hay entre los comienzos de su carrera y el ahora?

Las cosas han cambiado bastante. Recuerdo que cuando comencé tenía grupos de 40 o 50 estudiantes. En los pasados años he tenido grupos de 20 alumnos. También el material que se les enseña a los niños ha variado.  Cada año los grupos son distintos, pues han evolucionado. La tecnología es algo que me ha ayudado bastante. En la computadora, hago las tarea y exámenes, también los registros de asistencia. Todo es a computadora, así que eso también ha cambiado con el pasar de los años.

¿Qué preocupaciones ha tenido como maestra?

El gobierno y el Departamento de Educación pueden ayudar a los maestros de diversas maneras. Por ejemplo, pueden proveernos materiales escolares, además de impresoras, papel, tinta y cuadernos. También pueden hacernos llegar pintura y decoración para los salones. Desafortunadamente, no nos dan nada de eso y tenemos que pagarlo todo con nuestro bolsillo’’.

Sobre cómo debe ser un salón de clases, dice que ‘‘siempre he pensado que un salón bonito motiva a los estudiantes, especialmente si son niños pequeños. Por eso es importante pintarlo con colores bonitos y decorarlo de tal manera que los niños se sientan alegres’’. Agregó que un salón así ayuda ‘‘a que los estudiantes se sientan seguros y produzcan mejores tareas’’.

¿Piensa retirarse?

No sé si retirarme en mayo próximo o si deba esperar uno o dos años más, realmente estoy indecisa. Tengo que estar pendiente  porque también esto del retiro me tiene un poco preocupada. Además, no me gustaría quedarme en casa todo el día, porque siento que me volvería loca. Me encantaría ir a estudiar de nuevo, no sé, quizás teología o educación, hacer una maestría o una certificación en alguna de las dos.

Ciertamente, a Vivian Cabrera Cordero sea cual sea su rumbo, será una mujer que nunca dejará su vocación a un lado porque donde quiera que vaya y para toda la vida será ‘‘Misi Vivian’’. Para ella, su camino como maestra ha sido sacrificado, pero muy satisfactorio a la vez.

 

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