“El momento en que renuncias a tus principios y tus valores, estás muerto, tu cultura está muerta, tu civilización está muerta”. –Oriana Fallaci

 

Por: Arislyn Toledo Samalot (arislyn.toledo1@upr.edu)

¡Oriana! ¡Oriana Fallaci!, se escuchó a lo lejos. Ella escribía muy concentrada en una pequeña libreta color café oscuro. Estaba allí sentada, aislada, en la redacción del periódico L’Europeo, en la sala de su hogar, en el lobby de un hotel antes de enfrentarse al mal que asesina naciones, o en un pequeño rincón dentro de la utopía de quien produce estas palabras. ¡Oriana! ¡Oriana Fallaci!, se escuchó a lo lejos.

Ella solo escribía, en su mano derecha un lápiz y en su izquierda, un cigarrillo. ¡Oriana! ¡Oriana Fallaci!, se escuchó a lo lejos. Desvió su mirada al llamado. Quien la nombraba era su historia, era la guerra, eran sus libros, era la entrevista a Henry Kissinger, era su hijo no nacido, era su eterno amor, era la vida que pedía a gritos ser contada, era la trayectoria de una de las periodistas más reconocidas del siglo veinte.

Oriana Fallaci: periodista de farándula, mujer, corresponsal de guerra, mujer, polémica entrevistadora, mujer, activista, pero ante todo, mujer. No tenía ni veinte años cuando se abrió paso en el mundo del periodismo, para aquel entonces, dominado por hombres que no paraban de decir que escribía como hombre. ¿Como hombre? No, escribió como mujer, como una gran mujer periodista, llena de valentía, de fuerza, de curiosidad, de verdad.

Donde todo comenzó

Fallaci nació un 29 de junio de 1929 en Florencia, Italia. Su familia era humilde; su padre, Edoardo Fallaci era un artesano y su mamá, Tosca Cantini, limpiaba casas. Tosca siempre le enseñó a tener ambición en la vida. Edoardo le enseñó a comportarse como hombre en un mundo en donde el no tener un pene y dos testículos significaba debilidad, ignorancia e inferioridad.

“Yo crecí en la guerra. Desde que era niña solo he visto la guerra, no he oído hablar más que de la guerra”, mencionó la italina en una ocasión. Con apenas catorce años, Oriana Fallaci se vio involucrada en la Segunda Guerra Mundial al unirse a la resistencia italiana contra el nazi-fascismo. Apoyada y entrenada por su padre, Fallaci transportaba volantes, periódicos, armas y hasta bombas con el fin de defender a la resistencia.

La periodista en su niñez mientras pertenecía a la resistencia italiana. (Foto suministrada.)

Primeros pasos en el periodismo

Desde pequeña se interesó por las letras. En una ocasión, vio un periódico que denunciaba y describía a Hitler y a Mussolini, líder de la Alemania nazi y líder del fascismo en Italia respectivamente, como asesinos, aspecto que no mencionaban los demás rotativos. Esto le impactó de tal manera que dijo, “un día escribiré para periódicos que digan la verdad y que se vendan en quioscos”.

Al pasar el tiempo, alentada por su tío Bruno Fallaci, también periodista, decidió comenzar a estudiar Medicina. Sin embargo, no contaba con el dinero suficiente para continuar su grado y solicitó empleo en el periódico II Mattino. Allí se destacó por sus escritos y por su inclinación hacia los temas políticos. Más adelante, decide cambiar su concentración de Medicina a Letras. No obstante, no terminó ninguno de los dos grados y continuó su carrera dentro del periodismo.

L’Europeo

L’Europeo fue una de las revistas más leídas en Italia a mediados del siglo veinte. En 1951, la italiana logró que publicaran una historia en L’Europeo sobre un hombre católico comunista que había muerto y la Iglesia Católica le había negado los actos fúnebres. Sus trabajos atrajeron cada vez más a los encargados de la revista hasta que la contrataron. Durante varios años, su función como periodista de L’Europeo estuvo enfocada en la farándula. Hasta que, en el 1956, le permitieron viajar al lugar en donde se desataba la Revolución Húngara. Allí supo cuál sería su destino, ser corresponsal de guerra.

La periodista mientras redactaba para la revista L’Europeo. (Foto suministrada.)

Oriana Fallaci: La corresponsal de guerra

Era baja en estura y delgada, pero nunca permitió que la intimidaran por su apariencia. Su ímpetu, su valentía y su espíritu libre y rebelde siempre la caracterizaron e hicieron que su nombre se popularizara alrededor del mundo.

Fallaci fue corresponsal de guerra en la Revolución Húngara, en la Guerra de Vietnam y en la Guerra del Golfo. Además, escribió sobre la Guerra Civil del Líbano y fue testigo de la Masacre de Tlatelolco en la Ciudad de México. La masacre se llevó a cabo en el 1968; militares y policías asesinaron a cientos de estudiantes y civiles en medio de una manifestación en contra del gobierno. Tres disparos hirieron a la reportera, pero pudo recuperarse.

 

Fallaci en la Guerra de Vietnam (Foto suministrada.)

 

Una entrevistadora con ojo de águila

A Oriana no se le escapaba ni un solo detalle en sus entrevistas. Analizaba cada movimiento, cada gesto, cada respiración del entrevistado y lo utilizaba a su favor para formular las preguntas adecuadas. Las preguntas podían estar tan cargadas de ferocidad como tan cargadas de sutileza, según la reacción que quisiera producir. Los políticos le temían, las grandes personalidades se incomodaban ante sus cuestionamientos. Sin embargo, muy pocos se atrevían a negarle una entrevista. La notoriedad de la italiana podía hacer de la entrevista la gloria más grande del entrevistado o el fracaso más terrible que culminara con su carrera o posición política.

Entre las entrevistas más destacadas se encuentra la que le concedió Henry Kissinger, quien la describió como “la [entrevista] más catastrófica”; también figura la entrevista que le otorgó Ruhollah Jomeini, líder de la Revolución Islámica. Este autorizó el encuentro con la condición de que la reportera llevara puesto un chador. La entrevista  se volvió tan acalorada que la periodista se arrancó el chador y Jomeini abandonó el lugar.

La entrevista con Ruhollah Jomeini (Foto suministrada.)

Obra de la periodista

Escribió doce libros a lo largo de su vida: Los siete pecados capitales de Hollywood (1956), El sexo inútil (1961) Penélope en la guerra (1962), Nada y así sea (1969), Entrevistas con la historia (1974), Carta a un niño que nunca nació (1975), Un hombre (1979), Inshallah (1990), La rabia y el orgullo (2001) La fuerza de la razón (2004), Oriana Fallaci se entrevista a sí misma (2005) y Un sombrero lleno de cerezas(2008).

Uno de los más conmovedores es “Carta a un niño que nunca nació”, donde narra su deseo frustrado de ser madre y una maternidad no lograda al sufrir un aborto natural. Por otro lado, se encuentra “Un hombre” que habla sobre su eterno amor hacia Alekos Panagoulis, líder de la resistencia al régimen militar griego. Por su parte, “Inshallah” narra, a través de personajes ficticios, las vivencias del ejercito italiano en la Guerra Civil del Líbano y Fallaci se vuelve parte de la historia a través del personaje del “Profesor”.

La periodista se dedicó a su profesión hasta sus últimos momentos. (Foto suministrada.)

Últimos momentos de “La Fallaci”

En sus últimos años,  sufría de cáncer de mama, pero decidió ignorar su enfermedad para dedicarse enteramente a escribir. Su gran trayectoria se vio empañada por unas publicaciones en donde Fallaci expresó su rabia y odio en contra del islam. En el 2006, el cáncer estaba muy avanzado y antes de fallecer, pidió volver a Florencia, Italia. Murió en su ciudad y país natal un 15 de septiembre de 2006.

Oriana Fallaci fue, sin duda, un ícono del periodismo del siglo veinte. Su legado muestra que para ser un buen periodista, la apariencia, el estatus social y el sexo son elementos insignificantes. Lo que realmente define a un periodista es su valentía, su pasión, su coraje y su sed de verdad.

Presione aquí para ver un resumen de la vida de la periodista.

Author: Arislyn Toledo

Estudiante del Departamento de Comunicación Tele-Radial de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Arecibo

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