Por: Gabriela Valentín (gabriela.valentin5@upr.edu)

Estudiar en un colegio católico prácticamente toda una vida te hace ver cómo la adoctrinación hacia los estudiantes puede ser muy perjudicial. A través de la educación en estas instituciones, se trata de fomentar estigma en el tema del aborto y esto puede provocar ciertos conflictos en la toma de decisiones de los jóvenes.

El pasado 26 de marzo, el gobernador en ese entonces, Ricardo Rosselló vetó el Proyecto del Senado 950, en el cual se restringe el aborto en Puerto Rico. Observé cómo las personas se oponían por sus creencias religiosas. Aquí se vieron cómo los líderes religiosos se unieron para expresar sus disgustos, en especial el Obispo de Arecibo, Daniel Fernández, quien reiteró: “No se puede decir que se valora la vida, mientras se es cómplice de la muerte intencional de los bebés en el vientre de sus madres. Matar a un inocente, nunca será un derecho”.

Inmediatamente aquí comienza el problema. El Obispo le había escrito un correo electrónica dirigido al Presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz y a los miembros del Senado en el que se urge considerar a retomar el proyecto del Senado. Aquí es cuando vemos el problema claramente en cuanto a la separación de estado y religión. Cabe decir que estas creencias coexisten en un modelo patriarcal que gobierna el comportamiento y la toma de decisiones de las mujeres en torno a su cuerpo.

Un grupo de personas auto-denominadas pro-vida llegaron el pasado 28 de septiembre a una clínica de planificación familiar en el área Metro para realizar un carpeteo de las mujeres que llegaban por cualquier razón que fuera, no necesariamente para realizar un aborto. Este carpeteo fue denunciado por activistas del movimiento abortista en Puerto Rico. Irónicamente, el día que este grupo se dio a conocer, se celebraba el Día por la Despenalización y Legalización del Aborto en Latinoamérica y el Caribe.

Es nuestro deber por luchar para en un país que la mujer pueda tener el derecho completo para realizar un aborto seguro sin tener que preocuparse de los reproches de los religiosos.


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