Por: Messier Z. Torres Feliciano. (Messier.torres@upr.edu)

El compromiso y el amor por el medioambiente llevaron a Suzette Quirós a luchar por la playa Playuela en Aguadilla, lugar que ha sido atacado por la industria hotelera durante múltiples ocasiones en los pasados 20 años.

Playuela es un lugar paradisíaco que se ha convertido en símbolo de lucha. Aquí las mariposas vuelan con múltiples colores, florece vegetación por todas partes y se pueden admirar aguas cristalinas que reflejan claramente el azul del cielo.

Desde hace veinte años la compañía de desarrollo Caribbean Managment Group ha insistido en que se construya un megahotel en el área de Playuela, sin considerar a las personas que allí viven y a las especies que habitan en el área, muchas de ellas en peligro de extinción.

“Para febrero del 2017 se llevaron a cabo unas manifestaciones pacíficas frente a la construcción del hotel. Luego del arresto de varios manifestantes, decidí realmente integrarme de una forma más activa. Me pregunté: ¿cómo puedo ayudar? ¿qué puedo hacer? Y comencé a dialogar con el colectivo”.

Suzette, una chica de piel curtida por el sol, cabello negro, anda siempre acompañada por su guardián Playu, un perro rescatado de Playuela. Desde que llega a la playa, sus ojos solo miran al suelo y frena cada vez que ve un poco de basura que dejan muchos visitantes. Se agacha y la recoge en las bolsas que siempre lleva consigo.

La activista, oriunda de Caguas, conoció Playuela gracias a sus amistades surfers en la universidad. Actualmente reside en el pueblo de Isabela con su guardián, Playu. Este perro icónico del lugar fue rescatado en el campamento en el que estuvieron habitando casi un año en casas de acampar varios manifestantes, incluyendo Suzette. Playu se convirtió en un protector, según lo describió su dueña, además de un vigilante voraz que se encarga de avisar sobre cualquier movimiento extraño.

“El campamento fue una experiencia bien grande para mí porque reconocí la importancia que tenía el campamento en esta lucha. Cada persona que se quedaba en el lugar tenía un rol activo, no tan solo con el mero acto de estar allí, sino también en todas las iniciativas que se desarrollaron para proteger el espacio”.

Cada persona en el campamento tenía tareas que debía realizar todos los días, incluyendo recogidos de basura por las mañanas, turnos de guardia para vigilar cualquier movimiento sospechoso de los desarrolladores y tareas cotidianas, como limpiar, entre otras.

Es en Playuela que la joven maestra de profesión participa de un campamento de resistencia por primera vez, en el que muchas personas se hospedaban en casas de acampar para defender Playuela.

Para Suzette, muchas personas tienen una imagen errónea de lo que significa un campamento de resistencia y dice que ella misma había tenido ese prejuicio hasta ser parte de dicho campamento.

“Realmente la perspectiva que se tenía como colectivo era no tan solo estar ahí en el campamento para velar del espacio, sino también todo lo que se desarrolló para preservar el área.  Inclusive al campamento nos visitaron personas de toda la isla que luego se convirtieron en voceros de la lucha.”

Y es que en cualquier momento la comunidad de Playuela puede volver a ser el ojo de la industria hotelera. “¿Cuánto más vamos a seguir luchando para proteger algo que tiene el valor necesario para ser protegido?”.

Cabe destacar que en Playuela existen más de 500 especies autóctonas de flora y fauna, incluso muchas de ellas se encuentran en peligro de extinción. Este es el caso de las palmas sombrero que fueron quemadas hace unos meses y según un estudio de suelo, fue causado por mano humana.

Aún continúa la lucha de 20 años en defensa de esta causa. Una de las propuestas que lleva Salvemos a Playuela es que se declare el espacio como una reserva natural, para que así se proteja el area de las industrias y que futuras generaciones puedan disfrutarlo sin preocupación.

“Lo más difícil para mí ha sido reconocer que para proteger un espacio tenemos que dedicarle nuestra vida y sacar de nuestro tiempo como voluntarios.  Lo hago con gusto, es algo que me apasiona”.

Suzzette cuenta además que todos los zafacones y letreros del área son comprados y creados por los mismos vecinos y voluntarios, y que incluso hay personas que se llevan la basura para botarla en otro lugar como voluntarios anónimos. Ella misma se lleva la basura de los zafacones para botarla, ya que a la playa no llega el servicio de recogido de basura.

“Siempre que camino por Playuela siento paz porque es un espacio que, aparte de ser mágico, tiene una esencia muy diferente a cualquier otro lugar en Puerto Rico. Por otro lado, me siento orgullosa y feliz de todas las personas que han puesto su granito de arena para conservar este espacio”, expresó la joven que aún piensa que falta mucho por hacer.

“Lamentablemente en Puerto Rico existe esa idea de que el progreso es cemento; no necesariamente. Hay progreso en las iniciativas comunitarias, esa visión del progreso a nivel internacional es dañina para el ambiente,  nosotros estamos conscientes.”

Author: Messier Torres

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *