Por: Andreshaly Martínez Serrano (andreshaly.martinez@upr.edu)

Una lisonja asqueante que me estremeció la piel como si estuviera en la suya y sintiera todo lo que ocurre en su ser. Aquellos ojos que la desnudan mientras camina en la calle, sin temor a ser juzgados rebosantes de perversidad.

La recuerdo joven, caminando en una acera del pueblo de Mayagüez, vestida con un traje negro ceñido al cuerpo que acentuaba su figura, cabello rubio hasta la mitad de su espalda, tez blanca y altura promedio. Su cuerpo tenso y sus pasos apresurados, como si intentara escapar de alguien.

Un vehículo que viene a sus espaldas, reduce la velocidad como si caminara a su lado, acompañando cada uno de sus pasos. La mira y hurga entre su piel con deseo, ese deseo hambriento enlazado con animalidad que logramos identificar al instante, como un perro tras una perra en celo que actúa por instinto. Silba y le tira besos desde su auto, con la confianza que solo porta un machito prepotente. Ella irradia miedo, angustia, dolor, molestia, ansiedad, inquietud y desconsuelo en aquella calle.

-¨Vente conmigo que estás preciosa¨.   

Cada una de sus palabras la termina de desnudar delante de todos, sin que nadie lo pueda notar. Satisfecho y orgulloso de su actuación aceleró el auto como todo un falócrata victorioso con una sonrisa en su rostro, como un príncipe que le salva la vida a una damisela en apuros.

Se estima que el 35 por ciento de las mujeres de todo el mundo
en algún momento de su vida ha sufrido violencia física y/o sexual por parte de un compañero sentimental o violencia sexual por parte de otra persona distinta a su compañero sentimental (estas cifras no incluyen el acoso sexual). Sin embargo, algunos estudios nacionales demuestran que hasta el 70 por ciento de las mujeres ha experimentado violencia física y/o sexual por parte de un compañero sentimental durante su vida.

Un estudio de ONU Mujeres demuestra que las mujeres que han sufrido violencia física o sexual por parte de un compañero sentimental presentan tasas más altas de depresión y más posibilidades de tener un aborto o de contraer el VIH que las que no han experimentado este tipo de violencia.

(…)

Veo cómo ella saca unas llaves de su bolsillo y abre la puerta de una tienda de ropa, por lo que asumo que trabaja allí. Lucía cabizbaja, como quien acaba de sufrir un mal momento y necesita consuelo. Y no es para menos, yo también sentía su dolor tan fuerte como si fuera mío. Fui su acompañante de angustia en aquella tarde sin ella saberlo, pues era demasiado para una sola alma. Al cabo de unas horas, mientras ella cambia los maniquís de la vitrina de la tienda, un sujeto que camina en ese momento por la calle se queda perplejo mirándola, como si fuera su dueño, como si ella fuera un maniquí más que no siente lo que un ser humano puede. Me parece imposible que le vuelva a suceder en solo unas horas y a ella también, su rostro lo refleja, refleja angustia y decepción de cómo el mundo la hace sentir.

Un estudio realizado en 27 universidades de los Estados Unidos en 2015 reveló que el 23 por ciento de las estudiantes universitarias fueron víctimas de agresiones sexuales o conductas sexuales indebidas. El porcentaje de denuncias a las autoridades universitarias, los cuerpos del orden público u otras entidades varió del 5 al 28 por ciento, en función del tipo de comportamiento concreto.

Pensé en todo lo que había ocurrido hace solo unas horas atrás y decido compartirlo con mi compañera de trabajo que esta justo a ocho pasos de mí. Soy fiel creyente de que el mejor recurso que tenemos es apoyarnos las unas a las otras, para así mantener la fortaleza creando una resistencia, y como resultado obtengo esto:

-¨ Si no fueras linda no tendrías miedo de salir de a la calle ¨.

¿Acaso nacemos con un sello en la frente que tiene una equis en ¨linda¨ o ¨fea¨? ¿Por qué ligamos el acoso sexual con belleza? ¿Existe una belleza definida? ¿Cómo se puede culpar a una víctima de lo que le sucedió? ¿Es necesario resistirse a ayudar a los demás? ¿Tan ignorante está el mundo? Si por algo muchas personas no se toman enserio este tema, es por mujeres como mi compañera de trabajo. Mujeres machistas, que hacen ver el hostigamiento sexual como un trofeo que obtienes a cambio de ser mujer y vestir con faldas. Como si el problema aquí fuera lo que vestimos, a las horas que salimos y como actuamos en público.

Esos y muchos otros pensamientos pasaron por mi mente al escuchar la respuesta de esa mujer. Antes, lo cuento todo como un recuerdo y desde otro cuerpo. Nunca había sentido mi piel como un extraño y tan ajena hasta ese día, cuando yo que soy su dueña la vestía y no la sentía mía.

Andreshaly Martinez

Author: Andreshaly Martinez

Estudiante de Comunicación Tele-Radial con énfasis en noticia de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo.

One thought on “Como un maniquí de tienda de ropa”

  1. Que cierto este escrito vivimos en una sociedad llena de ignorancia y de mucho machismo, los hombres no todos pero la mayoria ven las mujeres como objetos sexuales y molesta y da coraje .

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