Por: Natalie D. Rivera González (natalie.rivera14@upr.edu)

La vida de un veterano

La percepción social de un soldado parece ser la de un héroe que carga en su conciencia felicidad y orgullo por haber completado su servicio en la guerra. Sin embargo, uno de los aspectos más ignorados y menos estudiados entre esta población, es la condición de salud mental y emocional de los veteranos tras el regreso del ejército. Más allá de lo que la sociedad cree ver en ellos, se trata de seres humanos que traen consigo recuerdos y la carga emocional de haber encarnado y presenciado el campo de batalla.

Comportamientos que se convierten en diagnósticos médicos

La gran mayoría de los veteranos que salieron de la guerra, comienzan a mostrar señales o síntomas de problemas emocionales. Esto afecta tanto al veterano como a los que le rodean, principalmente la familia. La comprensión, el apoyo y la empatía por parte de la familia no siempre está presente: otro factor que tiende a agravar la condición de esta población.

«A principio mi esposa me llamaba loco y yo le pedía que no lo hiciera; con el tiempo logró aceptarme como soy. Eso me ha servido de gran ayuda porque sé que entendió por lo que estaba pasando», expresó el veterano Eduardo Osorio Reima.

El trastorno de estrés postraumático (TEPT)

Muchos veteranos cuentan con un diagnóstico mental que deben atender lo antes posible. Esto puede comenzar a reflejarse en ellos durante o muchos años después de la guerra. Uno de los diagnósticos más comunes entre los veteranos se conoce como el trastorno de estrés pos traumático (TEPT), mejor conocido por sus siglas en ingles como PTSD.

“Hay momentos que, si uno escucha una motora, un helicóptero, un ruido grande o extraño, uno lo asocia con los traumas que se pasaron en el ejército y eso siempre nos afecta’, expresó el veterano Eduardo Osorio Reima.

Según el Centro Nacional para PTSD, el trastorno de estrés postraumático es un problema de salud mental que algunas personas desarrollan luego de presenciar o ser testigos de un evento que amenaza la vida, como por ejemplo, el combate de guerra, un desastre natural, un accidente de transito, o una agresión sexual.

“Se sufren un montón de cambios, tanto físicos como emocionales y eso poco a poco se transforma en PTSD y depresión, porque nosotros hicimos cosas que no debimos hacer, que en realidad nos obligaron a hacer”, expresó el veterano Juan Alberto Rosado.

Según una publicación de U.S. News & World Reports, el Departamento de Asuntos de Veteranos de EE. UU. informa que la incidencia del trastorno de estrés postraumático entre los veteranos varía según el conflicto con el que estuvo involucrado un miembro del servicio.

También resultó como parte del estudio lo siguiente:

  • De 11 a 20 de cada 100 veteranos (o entre 11 y 20%) que sirvieron en las operaciones Iraqi Freedom y Enduring Freedom demuestran síntomas de PTSD en un año determinado.
  • Aproximadamente, 12 de cada 100 veteranos de la Guerra del Golfo (o 12%) son diagnosticados con PTSD en un año determinado.
  • Alrededor de 15 de cada 100 veteranos de Vietnam (15%) fueron diagnosticados actualmente con PTSD cuando el estudio más reciente de ellos (el Estudio Nacional de Reajuste de Veteranos de Vietnam) se realizó a fines de la década de 1980. Se cree que el 30% de los veteranos de Vietnam han tenido PTSD en su vida.

Dichos trastornos tienen una variación de consecuencias en los veteranos, desde una ruptura familiar hasta tomar acciones que atentan en contra de sus vidas. La tasa de suicidios en veteranos aumenta cada vez más. 

Según una publicación de National Retired Teachers Association, entre el 2005 y el 2017 el período analizado en el último informe anual de prevención del suicidio del VA (Veterans Affairs), los veteranos tuvieron 1.5 veces más probabilidades de suicidarse que los no veteranos.

Otras conclusiones del estudio:

  • Los veteranos de entre 55 y 74 años tuvieron la mayor incidencia de suicidio; en el 2017 representaron el 38% del total de suicidios de veteranos.
  • El promedio de suicidios diarios entre veteranos aumentó a 16.8 en el 2017, frente a 16.4 suicidios diarios el año anterior.
  • Entre el 2008 y el 2017, hubo más de 6,000 suicidios de veteranos al año.
  • Casi el 70% de estas muertes tuvieron que ver con un arma de fuego (en comparación con el 48% de los suicidios de civiles).
  • Aunque se suicidan más veteranos mayores que otros veteranos, los veteranos más jóvenes se están quitando la vida en mayor proporción que cualquier otro grupo. En el 2017, se suicidaron 44.5 de cada 100,000 veteranos de entre 18 y 34 años

Las historias de primera mano

Desde la inocencia todo ser humano crece con las expectativas de tener un futuro exitoso, agradable y feliz. Pero, ¿qué sucede si tu vida se detiene de frente a un mundo donde no hay límites morales como lo es la guerra? Tu vida probablemente de un giro y cambie completamente y esto, por lo general, es la vida de un veterano que estuvo en combate.

Juan Alberto Rosado veterano de la guerra de Vietnam y presidente del capitulo 398 de Vietnam Veterans of America en Arecibo

Juan Alberto Rosado de 71 años es veterano de la guerra de Vietnam y tenía 19 años cuando ingresó al ejército. Cuenta que fue obligado por el gobierno de los Estados Unidos de América a ingresar a las fuerzas armadas.

“La guerra me cambió completamente: de ser un niño bueno que lo que le gustaba eran las cosas buenas y positivas a prácticamente ser un asesino porque yo tenía que matar gente”, expresó Juan Alberto Rosado.

La sociedad no suele pensar en lo que realmente un veterano tuvo que pasar y lo que significa para ellos y sus familias estar de vuelta en su país luego de la guerra. No todo el que va a la guerra logra salir vivo y en muchas ocasiones, a pesar de regresar con vida, es la salud tanto física como mental, quien paga las consecuencias. La reinserción social para un veterano representa un proceso que afecta tanto al soldado como a la familia, ya que los pensamientos negativos, el residuo del trauma y de desesperación a menudo invaden la mente de estas personas.

“Mi mamá y mi papá, los dos pasaron prácticamente un año llorando, ellos eran un poquito religiosos y rezaban para que yo volviera y casi nunca tenía contacto con ellos. Era difícil porque nosotros no estábamos en un sitio en especifico, nos estaban moviendo a diferentes partes», aclaró Juan Alberto Rosado.

Muchos de los veteranos, cuando ingresaron a la milicia, eran jóvenes que apenas comenzaban a vivir una vida de adultos.

Eduardo Osorio Reima, veterano de la guerra de Vietnam

 Eduardo Osorio Reima de 77 años es veterano de la Guerra de Vietnam y tenía 24 años cuando ingresó a combate. “Yo fui infantero, estaba en la cuarta división de infantería en Blackout, Vietnam y estuve 13 meses con 12 días para salir de aquel infierno», expresó Osorio.

La vida del veterano en combate

Aquellos que no conocen mucho sobre la milicia, pensarán que ingresar a las fuerzas armadas es una decisión que toma cada ser humano en su vida y aunque esto es cierto, no siempre fue así. Cuando hablamos de la guerra de Vietnam, la gran mayoría de estos veteranos fueron obligados a ingresar y formar parte de ella, aun siendo muy jóvenes.

“La mayor parte de los que estaban allí combatiendo eran muchachos de 18, 19, 20 años, quizás 21 años, pero casi nunca pasaban de 24 años; éramos muchachos jóvenes”, comentó el veterano Juan Alberto Rosado.

Vivir en carne propia y haber sido parte de una guerra, es una de las experiencias más impactantes en la vida de una persona. Salen de sus comodidades físicas y mentales a un lugar donde ambas cosas se pierden y lo esencial como: dónde dormir, comer vivir y hasta pensar, rodea en torno al ritmo de la guerra. 

“Una vez tú llegas a la zona de combate y te das cuenta de que realmente hay gente muriendo, se convierte en un choque psicológico”, expresó Frankie Pérez, veterano de la guerra de Irak y fundador de la “Post Traumatic Art Foundation”.

“Cuando llegué a Vietnam, nosotros estábamos en movimiento contínuo y nos botaban en helicóptero y teníamos que cargar con nuestra comida todo el tiempo. Eran como unos sobres con un polvo que supuestamente tenía todos los nutrientes necesarios y eso lo cogías, le echabas agua, lo batías y te lo comías», expresó Juan Alberto Rosado.

Rosado contó que en Vietnam del sur había personas muy religiosas que adoraban a Buda y en todos lados se dejaban altares de reverencia y adoración, con diferentes tipos de frutas. Cansado de los polvos alimenticios, tomaba los trozos de fruta que encontraba como una ventaja. 

“Los puertorriqueños siempre somos más listos… Yo como reverencia a Buda y a mi estómago, me las llevaba y me las comía. El único que me ayudaba a comer de ellas era un puertorriqueño de Filadelfia”, expresó Juan Alberto Rosado.

Cuando un soldado entra en combate, comienza a formar un núcleo de amistades, que se convierten en una buena distracción mental de la realidad y en fuente de apoyo.

“Mi experiencia en la guerra fue bastante fuerte, uno pasa ciertas condiciones, principalmente haces amistades, que luego pierdes en combate y son las heridas mentales las más que hieren, más que las físicas”, expresó Eduardo Osorio Reima.

Estas experiencias se quedan grabadas en la memoria y muchas veces son imposibles de borrar y se convierten en cargos de conciencia o motivo de arrepentimiento.

“Uno de los compañeros que me mataron estaba como a un pie de mí. Casi me cae encima con dos tiros en la cara… Estábamos para hacer una emboscada, nos sorprendieron y nos cogieron estando en una plantación y por suerte yo los vi, abrimos fuego, matamos cuatro y ese fue el resultado. Ese recuerdo es el mas que retumba en mi mente”, expresó Eduardo Osorio Reima quien, también expresó que siempre quedó en su conciencia la culpa de haberlo podido salvar.

Aquellos que logran sobrevivir, cuentan que en sus corazones guardan promesas y anhelos que fortalecían día tras día. La guerra conlleva un proceso de transformación física y mental, aunque la meta principal era siempre lograr derrotar la muerte y regresar al hogar. 

“Yo me prometí a mi mismo que iba a volver, que yo iba a morir aquí en mi país porque había una señora que me estaba esperando y yo sabía que yo no podía fallarle, ni a ella ni a mi papá”, expresó Juan Alberto Rosado.

Las experiencias vividas se quedan guardadas en sus memorias

Para la época de la guerra de Vietnam específicamente, el proceso de reinserción social para los veteranos resultó ser mucho más cuesta arriba, sobre todo por el rechazo que experimentaron, ya que había mucho desacuerdo y tensión en Estados Unidos por este largo y sangriento conflicto.

“Yo pensaba que todo iba a cambiar, yo era un héroe. Había ayudado a defender la patria, había ido a defender la democracia y que me iban a tratar como un rey. Pero en Estados Unidos había una guerra dentro del país en contra de la guerra de Vietnam. La juventud que estaba acá, principalmente los estudiantes de universidad, estaban en contra de la guerra de Vietnam y nos llamaban los “Baby killers”, porque si nosotros atacábamos una villa en donde habían viejos, jóvenes y niños- morían todos porque atacábamos a todo el mundo. Y cuando tiraban artillería, la artillería explotaba y se llevaba todo el mundo. Se disparaba y nadie sabía quién cogía la bala, porque cuando tú disparas en automático, muchas veces, las balas salen por todos lados”, expresó el veterano Juan Alberto Rosado.

Algo que es muy importante recordar, es que estos soldados también son humanos como cualquier otro, lo cual quiere decir que, son personas que quedaron marcadas para todas sus vidas y que para ellos no es fácil volver a vivir una vida normal. Todos los días batallan con poder dejar a un lado la ansiedad de la guerra, el miedo y el trauma que quedó sellado en sus cabezas. 

“La guerra me cambió completamente, sufrí mucho emocionalmente, pero recibiendo ayuda y terapia, nos ayudó a seguir adelante y el trabajo que ayudaba a mantener la mente siempre ocupada. No fue fácil adaptarme hasta que me retiré del trabajo. Ahí fue cuando más me afectó porque el ocio no ayuda mucho a despejar la mente de las memorias, es difícil. Entonces a nosotros nos tildaban de locos. Muchos traemos vicios de allá, yo fui uno que usé mucha marihuana en Vietnam, pero gracias a Dios lo superé al llegar a los Estados Unidos y no me hace falta”, expresó el veterano Eduardo Osorio Reima.

Cuando el soldado regresa a su hogar, prácticamente es como volver a aprender a caminar. Tiene que regirse por las normas de su hogar y del país en el que vive y aprender a normalizarse como cualquier otro ser humano. Tiene que aprender a pensar antes de tomar una acción en situaciones complejas. Es un proceso en el que toca ser paciente y comprensivo con ellos, ya que, ellos tratan de mantener el orden en su mente mientras tratan de manejar sus emociones y pensamientos.

“A veces respiro profundamente y mientras respiro pienso en el “outcome” de lo que pienso hacer y esto controla mi impulsividad. Como adulto que soy y como parte de la sociedad, tengo que regirme por las reglas y entiendo que ya no tengo permiso para matar a cualquiera que yo entienda que es una amenaza para mí, como en la guerra. No todo el que tengo de frente y siento que me está haciendo algo, realmente lo está haciendo para hacerme daño. Es un proceso de auto reflexión y una vez que paso por ese proceso, puedo moverme”, expresó Frankie Pérez.

Una de las cosas que menos pensamos, son los efectos del PTSD en la familia. No solamente se tiene que adaptar el veterano a comenzar a vivir nuevamente en su hogar, pero también se convierte en un proceso de adaptación para la familia, en especial la familia que vive bajo el mismo techo. En ocasiones comienzan a reflejarse ciertos comportamientos en el veterano que pueden ser difíciles de entender y de tolerar por quienes le rodean.

Juan Alberto Rosado contó que él mismo no se conocía cuando regresó a Puerto Rico y que hubo un tiempo donde su mamá sufrió por este cambio. Eduardo Osorio Reima recuerda que, a su esposa en aquel entonces, le afectó mucho adaptarse, principalmente porque él sufría de constantes pesadillas en la noche que no le dejaban dormir y la despertaban.

“El choque familiar es un cambio difícil, usualmente todas las personas que yo he conocido incluyéndome a mí, sufrimos de poca paciencia, no aguantamos muchas cosas, emocionalmente estamos desconectados. Hemos pasado un tiempo solos, por lo tanto, nos acostumbramos a estar solos y a seguir nuestras vidas. Me da pena por las personas que les ha afectado más… De las personas que conozco, la experiencia ha sido fuerte”, expresó Gregg Quiñones, veterano de la guerra de Afganistán y oficial de USAF Plans and Programming.

El apoyo social que reciben los veteranos usualmente proviene de sus propias familias, pero principalmente de la misma comunidad de veteranos. Estos soldados suelen encontrar refugio emocional cuando tienen a alguien que estuvo en su misma o situación similar. El veterano Juan Alberto Rosado aclaró que la mayor parte de sus amigos o están directamente relacionados con veteranos de la guerra de Vietnam o son personas que les gusta el deporte como a él.

Es importante buscar ayuda 

“Se supone que el soldado que regresa del teatro haga un pare en el hospital de veterano para notificar que estuvo en “deploy”, que ya regresó, que está en buenas condiciones. Pero muchas veces el soldado no quiere hacerlo, por miedo, por desconocimiento. Toda condición es tratable y si buscas ayuda a tiempo, vas a conseguir ayuda, pero si no buscas ayuda, nadie puede saber lo que te ocurre”, expresó Edwin Ramos Jourdán, quien es coordinador del programa Survivor Outreach Service. 

Para los veteranos existen incontables ayudas que el mismo Hospital de Veteranos (VA Caribbean Healthcare System) aquí en Puerto Rico les ofrece. 

“La milicia tiene un sin número de ayuda, por cierto, tiene tantas ayudas que confunde al “service member” de a dónde tiene que ir porque las ayudas son inmensas”, expresó el oficial Gregg Quiñones.

A parte de las ayudas médicas que se les ofrecen, existen organizaciones y fundaciones que les brindan ayudas y apoyo, como: “The Mission Continues”, “Wounded Warrior Project”, No Barriers Warriors”, “Team Rubicon” y “Post Traumatic Art Foundation” que fue fundada por Frankie Pérez, quien es veterano de la guerra de Irak, diagnosticado con PTSD y otras condiciones.

Frankie lleva desde el 2015 ofreciendo servicios voluntarios en esta gama de organizaciones sin fines de lucro para veteranos, incluyendo su fundación, la cual tiene como visión crear un ambiente creativo y artístico para veteranos y la comunidad civil que sufre de condiciones mentales.

Foto tomada de la página de Facebook de la fundación.

“Está comprobado en estudios científicos que las artes tienen un poder curativo a nivel celular en el cerebro, todo lo que componen las toxinas las cuales te hacen sentir pesado, se puede mejorar a través de las artes. Es una manera de estimular el cuerpo a que naturalmente active las endorfinas, la serotonina y dopamina y se convierta en un estilo de vida para no depender de medicamentos”, expresó Frankie Pérez, fundador de Post Traumatic Art Foundation.

Como parte del protocolo de la fundación, a las personas se les realiza una entrevista donde el candidato expresa qué área desea desarrollarse y qué tipo de interés tiene, así como las artes, o servicio comunitario y de ahí, parten a proveerles las herramientas que necesiten, incluyendo una doctora clínica que trabaja en conjunto con la fundación proveyendo servicios pro-bonos para los participantes.

Ser un veterano puede llevarte a una larga vida plagada de recuerdos crudos que se encarnaron en la guerra. Es decir, físicamente la guerra puede haber terminado, pero emocionalmente continúa contigo hasta el último suspiro de vida. 

Si está preocupado acerca de la seguridad y el bienestar de un veterano, quédese a su lado. Llame al 800-273-8255 y presione 1. O chatee en línea en www.veteranscrisisline.net. O puede mandar un mensaje de texto al 838255. Cualquiera de estos tres métodos lo pondrán en contacto con un apoyo gratuito. 

Author: Natalie Rivera

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