Dentro de mi caja de cartón

por: Kiara Coll (kiara.coll@upr.edu)

A las 8 de la noche recibí una llamada que, con el tiempo, entendería que a partir de ese momento, mi vida cambiaría por completo. Recuerdo sentir cómo los abrazos maternos de mi abuela buscaban consolarme. Mientras tanto susurraba a mi oído: «Mi amor, respira, todos estarán bien». ¿Lo estaríamos, en realidad? Fue aquella pregunta la que atormentaría mis noches de ahora en adelante.

Llegó la mañana siguiente y desde la parte exterior observaba lo que es mi casa, mi hogar… Perdón, me corrijo: lo que fue mi casa y mi hogar. Me preguntaba por qué en tan solo siete días tenía que recoger mis pertenencias y abandonar el lugar donde tomé mis primeros pasos, aprendí mis primeras palabras y encarné mucho otros recuerdos que se suman a mi infancia y pre-adolescencia.

Recogí la ropa del gavetero y doblé cada pieza antes de ubicarlas en una caja de cartón donde luego las juntaba con las que ya había terminado. Realmente no tenía muchas cosas para llevarme, sin embargo, aproveché la oportunidad para donar lo que no quería o no necesitaba a organizaciones sin fines de lucro. Luego de terminar, me senté en mi cama para observar lo que fue mi cuarto; las lágrimas ya no me salían y estaba más confundida que nunca.

¿Acaso era muy joven para entenderlo? Sí. No es normal para nadie perder un hogar y menos ver cómo se puede desmantelar una familia por imposiciones que nos obliga cumplir la sociedad. Sin embargo, recuerdo no ser la única en la misma situación. Luego descubrí que somos, mi familia y yo, parte de una población extensa en Puerto Rico que perdieron sus hogares debido a incumplimientos de pagos al banco hipotecario.

Los últimos datos de casas reposeídas en Puerto Rico a partir de Junio 2019. Foto: Oficina Comisionado de Instituciones Financieras (OCIF)

En el 2016, según unos datos brindados por la Oficina del Comisionado de Instituciones Financieras (OCIF), en Puerto Rico alrededor de 5,424 propiedades residenciales contaron con pagos retrasados a sus hipotecas. Se entiende que este ha sido la cifra más alta en la década.

(…)

Me levanté de mi cama y pasé a ayudar a los demás. En tan solo tres días logramos recoger todo y al cuarto día pasamos a mudar el resto de las pertenencias a donde sería nuestra próxima vivienda.

El ambiente durante el transcurso de los siguientes días era muy cargado. Solo queríamos mudarnos y olvidar los sucesos, aunque abandonar nuestro hogar nos provocaba nostalgia. Pero, ¿a quién no? ¿No te sentirías igual si perdieras la tuya?

La casa bañada en flores de primavera. Foto: Facebook

Como antes mencioné, no soy la única que ha tenido que pasar por este proceso, somos muchos más puertorriqueños que tenemos que experimentar momentos como estos que nos desgarran tanto a nivel individual como colectivo. Para algunos, la solución está en mudarse a Estados Unidos y para otros es buscar dónde enserrucharse.

Perder un hogar puede provocarte muchos sentimientos, creando una bola de confusión emocional que puede llevar a la depresión y un sin numero de enfermedades mentales. Por lo que, si vemos bien, por las estadísticas, estamos hablando de un porcentaje promedio en la isla que sufre de estas enfermedades y otros que tristemente nunca llegan a ser tratados o apoyados.

Perdí una parte de mi vida cuando por ultima vez cerré las puertas de mi casa, pero a su vez encontré algo dentro de mi. En ese momento, logré soltar lo que fuí y me obligó a buscar algo más allá de lo que visionaba. Encontré un propósito. Me comprometí a cuidar de mis padres para que nunca volviera a sentirse sumidos en la tristeza. Darles el mundo al igual como ellos han hecho lo imposible para dármelo a mi se convirtió en mi nuevo norte. No guardé en las cajas de cartón mis pertenencias, sin embargo, guardé mis recuerdos sabiendo que me algún día la abriría para encontrarme nuevamente.

Kiara Coll

Author: Kiara Coll

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