Sandra Reyes es una utuadeña que ha tenido que pasar por muchos sucesos a lo largo de su vida hasta llegar a convertirse en la exitosa pintora que es hoy día. La artista que se describe a sí misma como una persona apasionada y rebelde, ha sabido sobrepasar cada obstáculo que se le ha presentado sin titubeos. Aunque lo más que le apasiona es la pintura al óleo, también ha realizado mosaicos, cerámicas, joyería y esculturas de cristal. Le gusta el color azul ya que le da paz al pensar en el cielo y el mar y su estilo contemporáneo destaca los paisajes y figurativos. Con el pasar del tiempo, Sandra aprendió a ser una mujer autosuficiente al extremo de ser ella misma quien trabaja en la reconstrucción de su propio hogar.

Se crió en un hogar humilde en Utuado donde pasó la mayor parte del tiempo con sus abuelos. La mujer de tez blanca, cabello ondulado y manos delgadas, recuerda con nostalgia sus momentos más felices de la niñez con su abuelo. Sus memorias se remontan a un campo donde las personas se consideraban incapaces de progresar y salir del estancamiento o la pobreza. A pesar de que tuvo una infancia marcada por la escasez, el arte siempre estuvo presente en ella. Desde pequeña se encariñó con los colores y hacía travesuras dibujando caricaturas de sus maestros.

“Yo pienso que toda esa parte de la infancia a mí me modificó a ser quien soy y a dedicarme a lo que me dedico”, expresó la pintora.

Reyes estudió en la Universidad de Río Piedras (UPRR) para luego entrar a la facultad de Ciencias Médicas y estudiar Asistente Dental. Aunque le fue muy bien en este campo hasta graduarse, su pasión siempre fue el arte. Nunca tuvo el valor de cambiarse de facultad porque de pequeña le decían que “los artistas se mueren de hambre”.

Pintura «El abuelo», de las primeras creaciones de Sandra Reyes.
Foto suministrada

Mientras estaba en la UPRR conoció al viequense Michael Pablo Conelly quien se dedicaba a la contrucción. Estos se hicieron novios y eventualmente contrajeron matrimonio. En el 1992 Sandra convirtió a la Isla Nena en su hogar y fue aquí donde tuvo a sus tres hijos. Durante este tiempo Reyes se dedicó a criar a sus hijos y a pintar por su cuenta.

No fue hasta que se enfrentó con su divorcio que tuvo que irse por primera vez a trabajar para poder mantener y criar a sus hijos sola. Fueron tiempos difíciles en los que tuvo que trabajar y atender a sus niños durante el día para en las noches dedicarse a pintar. Guardaba sus pinturas debajo de la cama ya que nunca pensó que podía tener la posibilidad de ser artista a tiempo completo. En ese tiempo el trabajo y sustentar a su familia eran lo más importante. Sin embargo, un día, la pintora se armó de valor y realizó su primera exhibición en el Museo Fuerte Conde de Mirasol, el cual está localizado al norte de Vieques.  Por primera vez en su vida logró vender una pintura en $200.

De día trabajaba de cajera en el almacén Morales de Vieques, empleo que apenas le daba sustento para alcanzar a fin de mes. En un cierto momento le faltaban unos $400 para poder llegar a fin de mes. Sandra siempre colocaba pinturas en las paredes de dónde trabajaba para sentirse a gusto. El estilo contemporáneo de estas creaciones le llamaban mucho la atención a la gente.

“Yo recuerdo muchas veces que yo me sentaba sola y lloraba porque tanta gente me decía: “¿Qué tú haces aquí?”. Pero a pesar de que yo tenía el talento, no me atrevía. ¿Cómo tú haces que las cosas tuyas se vendan?”, relató la mujer.

En una ocasión mientras trabajaba, unas personas de apellido McHoul visitaron el almacén y notaron una pintura que tenía Sandra. Estos quedaron encantados con el cuadro y lo compraron en $400, cantidad que le hacía falta a Sandra para pagar sus cuentas del mes. Ésta le mencionó que tenía más piezas en su casa y llegaron a comprarle toda la colección. De esta manera, los McHoul conocieron a la talentosa artista. Hoy día, esta familia es propietaria de un hotel llamado Casa La Lanchita en Vieques y de cada habitación cuelga una pintura de la artista.

«Belleza en Caracas» de Sandra Reyes.
Foto suministrada

Sandra Reyes ha pasado por momentos difíciles en su vida tratando de alcanzar el lugar donde se encuentra hoy día. Incluso, hubo un momento en que se quedó sin trabajo y tuvo que pasar por situaciones difíciles junto a sus hijos. Decidida a ser artista a tiempo completo, no logró vender nada y estuvo varios días sin saber qué hacer.

“Había llorado muchísimo y recuerdo que un fin de semana, yo cumplía años y no tenía ni para comprarme un padrino”, relató Sandra.

Fue en esos días cuando recibió una llamada de unas personas interesadas en sus pinturas. Resulta ser que vendió dos cuadros: uno en $3,500 y otro en $1,000. En ese tiempo, eso equivalía al sueldo de cuatro meses de la pintora, así que ella lo tomó como una reafirmación de las oraciones que estaba haciendo. Para su sorpresa, luego de vender las pinturas se enteró que quienes compraron su arte eran los dueños de la tienda Abercrombie & Fitch.

Aún así, en el 2007, la pintora consiguió otro empleo que odiaba pero necesitaba. Estaba harta de estar trabajando para otras personas en algo que no le gustaba. Para su sorpresa, se volvió a encontrar con los McHoul y estos le ofrecieron un trabajo confeccionando un mural. Acto seguido, Sandra decidió renunciar a su empleo, donde le habían reducido las horas y sólo cobraba $30 diarios. Reyes aceptó la oferta del mural, siendo éste su primer proyecto luego de renunciar. Después, le siguieron apareciendo proyectos artísticos.

Actualmente vive bien, pero ha tenido que aprender a manejar el dinero ya que el arte no representa un ingreso estable. Sandra era una persona que le tenía miedo al fracaso y ha tenido que tomar talleres para vencer sus inseguridades y dar paso a la mujer determinada que es hoy en día.

“En esto del arte no es tan sencillo como decir: “pues yo voy a ser artista”. Lo importante es que nunca me rendí, seguí trabajando y seguí produciendo”, expresó la pintora.

Pintura «La Metamorfosis» de Sandra Reyes
(Foto suministrada).

Hoy día, su cuadro más importante se titula “La Metamorfosis”. Ésta estuvo en una exhibición llamada Ánforas de Luz que fue dedicada a los sobrevivientes de cáncer. Además, se expuso en más de 11 lugares en Puerto Rico, entre ellos el Colegio de Abogados y el Museo de Ponce. Sandra expresa que todo el mundo quiere la pintura y que si se muere, es la que se va a llevar al cielo.

La artista cuenta con su propia galería en el primer piso de su casa y es todo un éxito. Además, lleva más de 11 años ofreciendo talleres para niños, incluyendo aquellos que tienen alguna discapacidad. La pintora se siente agraciada de que a pesar de que no estudió arte, tiene el privilegio de enseñar a los más jóvenes a desarrollar su talento. Cree fielmente que una persona tiene talento donde está su don y qué mejor ejemplo para decirlo que ella.

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