carmelosobrino
Pintor, Carmelo Sobrino



Un día de estrés, salgo de la oficina del Departamento de Comunicaciones de la UPR en Arecibo a resolver una de las tantas tareas que tenía en agenda. Por consiguiente caminé en dirección a las escaleras conectadas al lobby. En el transcurso de mi carrera olímpica encuentro amigos que durante el semestre no había visto. Me contaban sus tragedias en cinco segundos, tenía que escucharlos, estaban tan concentrados en lo que decían que no veían que mi tiempo era corto. Por lo tanto, el camino del lobby a la escalera que conduce a mi destino se me hizo eterno.

Finalmente llego, reduzco la velocidad, de reojo veo a un hombre sentado en uno de los bancos, en forma fetal, con una camisa que me parecía estilo guayabera, con libreta y marcadores en mano, dibujando. Me pareció muy curioso, pero continué mi camino y pasé por su lado. El hombre me mira, sin conocerme me dice: “Siéntate ahí (en el banco) que te voy a dibujar”. Con asombro, abochornada comienzo a mirar a ambos lados para confirmar que era a mí.   Él me dice: “Si a usted” entonces yo pensé: “está loco, no ve que soy una extraña y que tengo prisa”. Rápidamente le menciono que venían a recogerme y tenía que irme. ¡Claro!, mientras yo hablaba, a la vez pensaba: “Bueno no está mal el sentarme, no ha llegado nadie, además se puede ofender si no me siento y es de mala educación” En ese preciso momento, menciona: “La prisa no lleva a nada” parecía como si estuviese escuchando mi pensamiento. Me sentía confundida, sin saber qué decir, le permito dibujar mi rostro.

Comenzó a hablarme, las personas nos miraban como si nunca hubiesen visto a dos seres humanos hablar, eso sí, yo parecía estatua de plaza, pero escuchaba su filosofía de vida como a una niña cuando le leen su cuento preferido. Reí, le conté detalles de mi vida, le dije que era estudiante de periodismo entre otras anécdotas que no logro recordar.   Pero en esa conversación que ocurría con un extraño que parecía conocerme como mi mejor amigo, le pregunto su nombre, y resulta que era el artista Carmelo Sobrino. Me contaba “soy pintor, la exhibición de algunos de mis trabajos serán aquí en la biblioteca” ¡Enserio!, fue la palabra más inteligente que se me ocurrió en ese momento, no olvido los ojos y la sonrisa burlona de una persona al escucharme decir semejante “halago”.  Honestamente no sabía quién rayos era el pintor Carmelo Sobrino, pero, pasó algo, sentí esa brisa de inspiración periodística, que suele llegar en momentos inesperados y le digo ¿Hace cuánto tiempo ejerce como pintor? “Ay mija, desde bebe” me contestó. Como si supiera lo que le iba a preguntar me dice: “Tengo mis trabajos en exhibición y estaré el miércoles 18 a las 10 am en el taller de expresión creativa como parte de las actividades del V Congreso de Literatura”.   Me reí y dije mentalmente: “salte de mi cabeza”.

Fue impresionante establecer una conversación de diez minutos máximo con un desconocido. La inspiración de un pintor que vive para apreciar cada detalle en la vida. Para él es más importante conocer a alguien en tan solo unos minutos, que hacer cualquier otra cosa. Suspirando decía: “el día tiene veinticuatro horas e ir con prisa o no, siempre llegarás a tu destino”. Mencionó que la vida actual es triste porque no tienes la mente para una sola cosa, sino para las veinte mil que te faltan. Te en un robot que te conduce a olvidar los detalles de observar y oír. Sin color, sin líneas, sin risas, sin dolor, ver en blanco y negro. Establecer en tu computadora mental que no tienes tiempo, no hay tiempo, no tengo tiempo, “Turn on” de día y “Shutdown” de noche.

Carmelo mencionaba que la capacidad de pensar y crear te la arrebata la prisa. Palabras que escucho retumbar en mi oído día tras día. La realidad es que “todo tiene su tiempo vayas como vayas”, me mencionó Sobrino. Sin embargo, la vida es un hilo que con el pasar del tiempo va perdiendo su fuerza. Aunque estés tarde para tu clase, reunión o alguna actividad, no olvides los detalles que pueden cambiar tu vida en tan solo segundos. Observar, oler, sentir, agudizar cada sentido sensorial para tratar de entender y ser sensibles. Incrementar la capacidad de mover mar, cielo, tierra por la persona o por lo que amamos. Mantener latente el recuerdo de una parte fundamental para resolver problemas, el escuchar y observar. La prisa en algunos casos es la causa de estrés o como dijo aquel día Carmelo: “Como quiera llegará la muerte sin o con prisa”. Sin olvidar la vida de un pintor, acoplada a la paciencia y ligereza en la que vivimos para dar lo mejores espectáculos a través del pincel y los colores pasando por alto lo que falta de hacer.

Mariaelena Perez

Author: Mariaelena Perez

Estudiante de Periodismo (mariaelena.perez@upr.edu)

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