A pesar de los obstáculos, se puede ser estudiante y atleta

Hoy día, ser estudiante presenta un gran reto. El alza en los precios de los cursos, los materiales para las clases, los alimentos y la gasolina hacen que este camino sea sacrificado. Si a esta gran responsabilidad le sumas ser atleta que representa la universidad, el esfuerzo es aún mayor y muy pocos están dispuestos a tomar este desafío, aunque algunos son atrevidos y lo aceptan.   

Su nombre es Carlos A. Alámo Montañez, un joven de 21 años, oriundo del pueblo de Vega Alta. Sus características como baloncelista lo hacen todo un guerrero: su estatura es de cinco pies con ocho pulgadas, pesa 200 libras y es muy ágil en cancha. No es alto, pero tiene una mentalidad competitiva que lo llevó a ganarse un puesto en el equipo entre 50 competidores, afronta cualquier partido como un juego más. 

 El atleta de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo (UPRA) actualmente cursa su tercer año universitario, estudia Contabilidad en el Departamento de Administración de Empresas. En estos momentos se encuentra jugando baloncesto, pero es un deportista versátil que ha participado en diferentes disciplinas en el trayecto de su vida y en la universidad. El béisbol, la lucha y el “basket” le han dado forma a este deportista. 

La pasión y el amor que este atleta siente por el deporte es la base que ha formado su camino deportivo y así lo cuenta él mismo: «Desde pequeñito siempre supe que el deporte era esencial para mí. La pasión por el deporte nace en mi casa. Desde pequeño iba a los parques de pelota con mi familia; mi papá era pelotero, y los domingos y fines de semana me la pasaba en el parque». El primer deporte que llega a su vida es el béisbol y en él comienza a dar sus primeros pasos como atleta. «Cuando jugaba en la categoría de 11 y 12, gané un torneo y tuve la oportunidad de viajar para representar a Puerto Rico, pero no pude viajar y ahí es cuando cambio de deporte y comienzo a jugar baloncesto».

Sin importar el cambio de disciplina deportiva que realizó, sus padres siempre lo han apoyado. 

“Mis padres son los mejores, no me puedo quejar nunca». Así lo expresa el atleta de la UPRA, que también cuenta el sacrificio que hacían cuando él comenzaba en el deporte: «Ellos me llevaban a la cancha, me apoyaban en mis gustos deportivos y a donde quiera que vaya, ellos van conmigo, son como mi cola». 

El camino en el baloncesto de Carlos inicia cuando tenía 12 años y con entrenadores experimentados. «Comencé a jugar baloncesto desde muy pequeño de la mano del jugador profesional Sammy Betancourt en Vega Alta». 

Las manos de Carlos A. Alámo Montañez  sosteniendo el balón/ créditos: (Sebastian A. Figueroa Martínez) 

Ya desarrollado en el baloncesto, Carlos jugó para el Colegio Carmen Sol antes de llegar a la universidad. A punto de acabar su duodécimo grado, el jugador decide tomar la decisión de ir a la UPRA e ingresar a través del deporte. «Fui a ver varias universidades y participé en distintos «tryouts«, pero siempre quise entrar en la UPR de Arecibo y mis padres me apoyaron en la decisión».

El joven vegalteño pensaba que iba a entrar a la universidad por medio del baloncesto, pero no sabía que el camino le tenía otra vía y es ahí cuando aparece el deporte de lucha. 

«Cuando entré en la universidad, no había cupos en el equipo de baloncesto. Me invitan a ver una práctica de lucha. Me gustó, me divertí y decidí entrar». 

La lucha es una disciplina que a pesar de que no se practica mucho en Puerto Rico, ha dado triunfos importantes en este país a nivel Olímpico. Jaime Espinal ganó medalla de plata en los Juegos Olímpicos en Londres en el 2012. 

Carlos no solo descubrió que podía realizar un nuevo deporte, sino que también pudo ganar una medalla en la Liga Atlética Interuniversitaria (LAI). «La lucha es una magia, nunca había hecho lucha, pero como era un deporte activo me gustó y seguí». 

Una vez ocurrió la situación de la pandemia, el deporte se afectó y se detuvo por un periodo de año y medio. En el verano del 2021, Carlos decidió probar suerte nuevamente en el baloncesto y consiguió entrar en el equipo. El atleta logró entrar por el deporte que quería desde el primer momento y por el cual había trabajado.

 Conseguir entrar en un equipo de baloncesto a nivel universitario es muy complicado. Es un camino extenso y lleno de dificultades donde muchos son los llamados y pocos los escogidos. 

«Fue un proceso bastante largo, pero se pudo. Había sobre 50 jugadores practicando todos los días, pero entre ese número fui de los escogidos». El  talento que tiene este jugador lo ha desarrollado desde los 12 años y esto es lo que lo  llevó a entrar al equipo a pesar de sus años de inactividad. 

Carlos A. Alámo Montañez realiza una pose de espaldas/créditos: (Sebastian A. Figueroa Martínez) 

 » Yo comencé fuera de forma, no jugaba baloncesto desde hace tres años y seguí practicando todos los meses hasta que logré ponerme en condición». 

El orgullo que siente un deportista al conseguir un objetivo es algo de mucho valor. El sacrificio, el esfuerzo y el trabajo son algunas de las claves para lograr las metas deportivas. «Cuando me dieron la noticia de que ingresé al equipo, me sentí muy contento porque eso era lo que yo quería desde el principio».  

Como todo atleta, siempre existe un dorsal que gusta o que tiene algún significado. Para Carlos el número de su uniforme también es algo especial: «El mejor momento fue cuando me dijeron, envíen sus nombres y el número de uniforme». Su dorsal favorito es el nueve y el hecho de poder seleccionarlo, ya le daba una motivación extra para continuar trabajando en su juego.  

El dorsal favorito de Carlos A. Alámo Montañez/ créditos: (Sebastian A. Figueroa Martínez) 

Hasta aquí todo parece muy bonito, pero para Carlos no todo es color de rosa. El sacrificio que conlleva ser estudiante y atleta de la UPRA al mismo tiempo no es algo sencillo y fácil de hacer. “En el ámbito de mi educación ha sido muy fuerte, el pertenecer al equipo de baloncesto ha provocado que falte a varias clases debido a los juegos y las prácticas”. Faltar a clases es algo perjudicial en la educación de un estudiante, ya que no se puede tener el aprovechamiento adecuado.  

“ Cuando falto a clases presenciales, las presentaciones me  ayudan a estudiar. Mis amigos también me brindan el material y me dan la mano”.

Estudiar y representar a la UPRA le exige unos gastos a Carlos, los cuales le llevan a sacar dinero de su propio bolsillo. La universidad no le cubre todo y esto ocasiona que el jugador tenga que trabajar en su tiempo libre: “El dinero que recibo por parte de la universidad no alcanza, tengo que pagar mi alimentación y hospedaje, con dinero proveniente de mi trabajo. En ese aspecto la universidad debería de ayudar al atleta”. 

 

Carlos A. Alámo Montañez explica el sentimiento que tiene representar a la UPRA /créditos: (Sebastian A. Figueroa Martínez) 

Sin importar las barreras, el aspirante a convertirse en CPA quiere continuar jugando. “No me imagino mi vida fuera del deporte y quiero seguir”. 

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