Barbería «El Fígaro»

Por: Hillary A. Gerena Casanova (hillary.gerena@upr.edu)

Todavía siguen vivas las memorias de la barbería en la calle Estrella #56 en el pueblo de Camuy, muy cerca de mi casa. Un lugar que hoy día se encuentra abandonado, pero que en su momento fue una de las barberías más visitadas por los hombres camuyanos y de otros pueblos limítrofes. Una barbería rústica, con muchas fotografías que representaban los viejos recuerdos y artículos de periódicos pegados a las paredes que anunciaban algún suceso importante que estremeció al país y le pareció significativo al barbero resaltarlos en su espacio. Algunos hitos históricos como la victoria de Sila María Calderón, la primera gobernadora en la isla y de otros ilustres que pusieron a nuestro país en alto, como el fallecido jugador Roberto Clemente, colgaban de las paredes de El Fígaro. 

Al Fígaro le encantaban los deportes y la política. Había muchos periódicos por doquier, debido a que el barbero y dueño del establecimiento le gustaba mucho leer sobre eventos de actualidad. Lo interesante de esto es que algunos de los clientes que llegaban a recortarse no se iban sin un periódico. Cada uno de ellos cargaba con al menos una anécdota sobre las experiencias vividas del Sr. Ángel Gerena Nieves, quien se cree fue el primer barbero en Camuy y que abrió esta barbería a finales de los años cincuenta. Cada persona que entraba a la barbería siempre llegaba jocosamente llamando al barbero por su apodo “El Fígaro”, que significa barbero en italiano.

Como todos los días después de salir de la escuela a las 3:00 de la tarde, siempre pasaba frente a la barbería de Fígaro, mi papá.  Lo encontraba a menudo recortando, afeitando y diseñando cada barba y cabeza al gusto del cliente. Su especialidad era hacer cerquillos, cuadrar bien las patillas y sobretodo, pasar “la número 3”. Desde pequeña me percataba de la precisión y con el perfeccionismo que en algún momento dado lo llevó a ser tan reconocido.  Solía mantenerse callado y concentrado cuando le tocaba hacer recortes, mientras los clientes se quedaban hablando sobre los relatos más impactantes e importantes de sus vidas. Si respondía, lo hacía también con la misma precisión y determinación que recortaba.

Día tras día, semana tras semana, era la misma rutina, con los mismos clientes. Sin embargo, el ambiente siempre era diferente. Había días en los que iban muchos hombres a recortarse a la vez, siendo el único barbero que podía lograr los estilos que a ellos les gustaban. Recuerdo a un señor en particular, que creo que era Nuyorican y cuando venía de visita a Puerto Rico, siempre iba a atenderse con mi papá para hacerse su recorte habitual. Pero no solamente iba por el cambio, sino también para hablar sobre su juventud en la Gran Manzana.

Cuando no había mucha clientela, le gustaba mucho al Fígaro sentarse en las afueras del local a tomar un descanso, siempre con un periódico en mano o en algunas ocasiones, algún libro que tuviese que ver con historia del mundo.

Las emociones de don Figaro siempre eran distintas: había días en que se sentía estable, otros días en que estaba de mal humor, pero así era él. Todo el tiempo se mantenía ocupado y trabajar era lo que lo distraía y su motivo de felicidad. Siempre con la misma tijera en la mano derecha y su peinilla rectangular en su mano izquierda. Tenía una impresionante habilidad para utilizar estas dos herramientas. Sentía mucha admiración ante esto ya que no todos los barberos tenían ese estilo y firmeza que tenía él. Más aún pues gracias a su profesión, desde muy joven pudo mantener a su familia agrandada. 

Sin embargo, en el 2014, toda su vida cambió. Le descubrieron unos nódulos malignos en uno de sus pulmones. Esta horrible enfermedad que padecía causó que se alejara poco a poco de su profesión. Aun así, los viejitos se mantenían visitándolo en su casa para que le hiciera un recorte. Pero ya él no era el mismo, le gustaba estar con su familia pero a la misma vez extrañaba su segundo hogar, su barbería, donde expresaba toda su felicidad y compartía momentos gratos con sus amigos y vecinos. Aunque estuviese débil y triste aún luchaba por mantener el mismo perfeccionismo y la misma precisión en los recortes. 

Con el pasar de los años, los temas con los clientes ya no eran sobre la política ni la primera plana de los periódicos, ni mucho menos de nuestra historia, sino de lo importante que es la salud y de lo poderosa que es la fe y la esperanza. Antes le gustaba cantar canciones alegres, pero en los últimos dos años de vida, la única frase de una canción decía era “caballo de la sabana, porque está viejo y cansado”, escrita por Roberto Torres. Mientras pasaba por este duro proceso, físicamente se iba deteriorando. Su piel iba envejeciendo, sus manos tenían moretones, sus venas alteradas por el duro proceso de las quimioterapias. Su rostro no era el mismo,  sus ojos azules y brillantes ya se veían apagados. Pero aun así, mantuvo una actitud positiva ante este duro proceso.

Lamentablemente, en el 2017 su doctor le da la noticia de que los nódulos estaban creciendo. Continuó acudiendo a su cita semanal en Arecibo, y aunque todavía le importaban las lecturas y los periódicos, ya no leía con el mismo entusiasmo de antes. Cada vez más se notaba más su desgaste físico: estaba más delgado, su piel más reseca, más pálida, se sentía muy agotado y ya estaba cansado del fuerte tratamiento al que se estaba sometiendo. Ya para comienzos del 2018, continuó con sus últimos tratamientos. Con el pasar de los meses, poco a poco veía cambiar su forma de ser y aun asi seguia con la misma frase “caballo de la sabana, porque está viejo y cansado”. 

Desafortunadamente, el 23 de octubre de 2018 Angel Gerena Nieves falleció en una cama de un hospital. Muchas personas se quedaron sorprendidas ante esto, especialmente los fieles clientes que después de su muerte seguían visitándolo en la barbería. Pensaban que él estaría ahí sentado esperando que llegaran para brindar el mejor servicio de recortes como solamente lo hacía él. Y no los culpo, personalmente me siento como ellos. Aún lo espero sentado en la misma silla azul en el balcón de mi casa, para darme un regaño o preguntarme sobre mi diabetes, como solía hacer.

La verdad es que me hace mucha falta, mi casa se siente incompleta sin el Fígaro. Quisiera poder abrazarlo y contarle todo lo que ha pasado durante los últimos dos años. Quisiera que supiera cada éxito y cada experiencia que he vivido, ya sean buenas o malas. Quisiera poder pasar más momentos con él y que viera lo independiente que me estoy convirtiendo, todo gracias a sus enseñanzas de vida. Quisiera pedirle perdón si alguna vez le fallé como hija. Quisiera hacer muchas cosas que nos quedaron incompletas.

Le agradezco a la vida por los cuidados, por las risas, los corajes, valores y sobretodo las anécdotas de vida. Con un dolor inmenso, pero con muchos recuerdos que siempre llevaré con orgullo en cualquier parte del mundo que este. De ahora en adelante, viviré agradecida porque me tocó un padre muy ejemplar.

Por eso y mucho más, por siempre mi barbero favorito, mi papá.

Hillary Gerena
Author: Hillary GerenaEstudiante de Comunicación Tele-Radial en la Universidad de Puerto Rico en Arecibo.

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