Opinión: Puerto Rico sin puertorriqueños

Por: Hillary A. Gerena Casanova (hillary.gerena@upr.edu)

Puerto Rico hace mucho tiempo dejó de ser la Isla del encanto para convertirse en un “paraíso fiscal”. Esto, gracias a las medidas gubernamentales llevadas a cabo para apoyar la búsqueda de inversión extranjera. Lo que han tomado en poca consideración, sin embargo, ha sido el apoyo al ciudadano promedio de este país, muchos dueños de pequeñas enpresas. Dicha actitud de exaltación a lo extranjero y menosprecio a la local ha sido una filosofía de pensamiento que se ha ido desarrollando por varios años, sembrando así serios problemas de identidad en nuestro pueblo.

El silencio que ha habido entre el pueblo ha permitido que el gobierno ejecute medidas legislativas que parecen ser una sentencia de muerte para nuestra gente. Es precisamente la legislación de las Leyes 20 y 22 del 2012, lo que ha sido una de las más grandes atracciones para aquellos millonarios que desean evadir impuestos en sus países.

Los extranjeros se están aprovechando de estas exenciones contributivas para adueñarse de nuestras tierras. El gobierno de Puerto Rico les ha facilitado su llegada a la isla permitiendo que se apropien de propiedades, muchas de gran valor histórico y arquitectónico para convertirlos en club nocturnos o Airbnb’s. Es importante resaltar que bajo esta ley, tienen el derecho a la compra de propiedades, tales como: casas, apartamentos, hoteles, entre otros. Al ritmo que vamos serán más los extranjeros que se apropian de nuestras viviendas que nosotros mismos. El efecto negativo en nuestro entorno, provoca así lo que se conoce como gentrificación.

Mientras, muchos locales no tienen los recursos económicos para competir con los bolsillos extranjeros y poder tener acceso a una vivienda digna y accesible. El efecto de ser un paraíso fiscal es que los pobres siguen pagando más impuestos que los ricos. Como lo describe la escritora y periodista, Ana Teresa Toro: somos un “estorbo para sus fantasías de paraíso tropical”.

Bajo la Ley 22, se han acomodado mejor que nunca en nuestro terruño y ahora tienen más ventaja de vivir mejor que todos nosotros. La Ley 22 no ha creado tanto crecimiento en las inversiones, como lo ha logrado la Ley 20, por ejemplo con la creación de empleos. En efecto, la Ley 20 habilita a que el ciudadano pueda crear más empleos, tanto en el país como en el exterior y que ayude a propulsar el crecimiento económico en la isla. El verdadero problema es que contamos con personas adineradas que no quieren pagar impuestos en su país, pero se quieren beneficiar del nuestro.

¿Qué pasará con el futuro de nuestra isla? ¿A qué le están huyendo? Nosotros exigimos las mismas oportunidades que tienen ellos en nuestras tierras. Exigimos que no haya más corrupción en nuestro gobierno. Nosotros podemos levantarnos como pueblo, hay mucha mano de obra y gente que sí le importa echar la economía del país pa’lante. Sobre todo, cuando se trata de nuestra tierra. Por ende, se tiene que tomar las medidas necesarias para eliminar esta Ley 22 del 2012.

¡Aun nos falta por luchar, para que no haya un Puerto Rico sin puertorriqueños!

 

Hillary Gerena
Author: Hillary GerenaEstudiante de Comunicación Tele-Radial en la Universidad de Puerto Rico en Arecibo.