Somos producto de una educación pública

Publicado el Por Ivarelis Lopez

Éramos los nenitos de la pública. Que nos hicieran el camino más difícil, no era nuevo para nosotros

Por: Ivarelis López Martínez (ivarelis.lopez@upr.edu)

Era un cálido viernes de abril. El sol candente azotaba con todo sobre nuestras espaldas y las gotas de sudor caían como cascadas. Sin embargo, eso no nos importaba. Estábamos de gira por el suroeste de la Isla. Los maestros nos habían sacado a pasear. El chofer nos llevó hasta el Bosque Seco de Guánica y al bajarnos nos percatamos de dos cosas: de seco no tenía nada y además, estábamos entrando por la parte de atrás. No era tarea fácil lo que nos esperaba pero, ¿cuándo lo había sido? Éramos los nenitos de la pública. Que nos hicieran el camino más difícil no era nuevo para nosotros. Desde siempre dispuestos a comernos el mundo. Eso creíamos. Eso seguimos intentando.

Abril del año 2016 y estábamos a menos de dos meses de graduarnos del noveno grado. Ya casi terminábamos las clases y teníamos las medallas de honor muy cerca de nuestras manos, así que un viaje cultural no nos venía nada mal. Comenzamos por el Faro Los Morrillos en Cabo Rojo. Ese faro que se encuentra en la cima de un pedregal frente al mar. Pararse en la orilla del acantilado era como sentir que podías volar, o que caerías al vacío como un peñón sin paracaídas. Afortunadamente, nuestros maestros nos habían preparado para cualquiera de los dos escenarios. Y mira que hay maestros y hay maestros, pero cada uno dentro del sistema público te prepara para estirar las alas y tomar vuelo, o para batallar contra las desconsideraciones más atroces que te puedas imaginar.

De los maestros no me puedo quejar, me tocaron muchos fenomenales. Creo que en nuestro país no se aprecia la verdadera labor de estos seres. Ellos no solo enseñan, sino que además tiran su pellejo al medio por sus estudiantes. Y los que no, al menos le endurecen el pellejo.

No conozco los maestros de las escuelas privadas, nunca estudié en una de ellas, pues nunca me interesó. Pero ustedes me dirán si en esas escuelas existe una maestra que enseña inglés con canciones de Gloria Estefan y Justin Bieber; otro con el que aprendes la historia del mundo a través de la actuación; una maestra que te enseña ciencia al ritmo de la bomba y plena, o un maestro que le cocine a sus estudiantes.  Estos son los seres que educan y forman a los profesionales de nuestro país.

El camino del Bosque Seco de Guánica resulta monumentalmente empinado cuando se recorre en dirección contraria.

Luego del Faro, pasamos a uno de los rincones más bellos de Puerto Rico, Playa Sucia. Nadie se metió al agua, pero nos bastó con caminar descalzos por la arena. Nos sentíamos libres, a pesar del sistema y la administración que intentaba incesantemente de atarnos e identificarnos con campañas engañosas y sin propósito. Newsflash Julia, colocar cuatro pancartas que digan “Tus valores cuentan” no sirve de nada cuando ni tan siquiera tú los practicas. Se podían ahorrar ese despilfarro y en su lugar, comprarnos los libros que tanto necesitábamos.

Con arena en los zapatos nos montamos en la guagua escolar y seguimos rumbo a Guánica. Como es normal que le suceda al buen boricua, el chofer se perdió en el camino y nos llevó por la salida del Bosque Seco. Estábamos cortos de tiempo así que tocaría hacer el recorrido en reversa. Quien ha visitado el Bosque Seco de Guánica sabe la hazaña que enfrentamos. Recorrer el bosque de atrás hacia delante es cuesta arriba, literalmente. Añadiendo a todo esto, acababa de llover en Guánica así que el Bosque Seco estaba mojado y la humedad era palpable. Mi lengua se arrastraba por el piso de la fatiga y mis pies resbalaban por el fangal, pero seguíamos; siempre pa’ encima.

Ese es un hecho de los estudiantes de escuela pública; somos decididos, siempre con los pantalones bien puestos y el miedo en la gaveta. Nos gusta sorprender, más aún cuando no se espera mucho de nosotros.

Como no eran suficientes las mil cuestas por el bosque, decidimos trepar un árbol centenario que nos encontramos a mitad de camino. Los maestros fueron los primeros en subir y tiraron la soga para ayudarnos. Los árboles centenarios eran cosa nuestra, teníamos uno en el medio del patio de la escuela. Ese que se levantó junto con el monumento histórico que es la escuela Federico Degetau en el año 1917. Ese que se ve desde la carretera #2 de Arecibo. Ese que dibujé para una clase de arte. Nuestros sueños siempre han sido ser tan fuertes y duraderos como ese árbol.

Árbol centenario encontrado en el Bosque Seco de Guánica.

Atravesando el Bosque Seco de Guánica me pregunté si a alguno de mis compañeros le gustaría hacer de mula y cargarme. Pero no, llegué hasta el final del camino, en este caso la entrada, por mi propia cuenta. Era casi como llegar a la cima del Monte Everest, solo que con temperaturas muchísimo más altas, sudor en cantidad y cachetes rojos. ¿Quién dijo que era imposible? Pues fíjese que muchos. Por alguna razón, en Puerto Rico las escuelas públicas son sinónimo de mediocridad. Aquellos que piensan así seguramente no conocen lo que se trama dentro de una escuela del Departamento de Educación. Usted sabe, de esas que buscan cualquier excusa para cerrar, por puro chiste. Pero como le mencioné, a los estudiantes nos gusta ser imprevistos. Con nada, con menos de lo necesario, hacemos de tripas corazones. Ojo, los nenitos de la pública siempre nos salimos con la nuestra.

Aquella excursión en la primavera del 2016 me dejó muchos recuerdos. Regresábamos hacia Arecibo con un cansancio descomunal y una sonrisa de oreja a oreja. No parábamos de hablar sobre todo lo que vimos; era una emoción efervescente. Cuando la guagua escolar se estacionó frente a los portones de la escuela ya el sol se había escondido y nuestros padres nos esperaban. No nos creerían todo lo que vimos e hicimos en un solo día; turismo interno nivel experto diría yo. Nos despedimos con una sensación extraña, no queríamos que el día se acabara. Desde entonces no he vuelto al Bosque Seco de Guánica, pero me pregunto si lo visitara hoy día y la experiencia me impactara de la misma manera. Quizás no o quizás sí. Aún soy estudiante y representante de una educación pública. Aún estoy dispuesta a comerme el mundo.

Ivarelis Lopez
Author: Ivarelis LópezEstudiante de periodismo de segundo año de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo.

6 comentarios en “Somos producto de una educación pública”

  1. Felicidades a tan talentosa estudiante tuve el privilegio de conocerte. GRACIAS POR ESE ELOGIO A MIS MAESTROS DE LA ESC CENTENARIA FEDERICO DEGETAU EN ARECIBO…
    DRA.LUCIA VEGA DIRECTORA ESCOLAR

  2. Ivarelis, I am very proud of you. You were always a great student. Thanks for your love and appreciation.There are times which everything seems unfruitful. Yet, there are other moments in which you stumble across words like yours and hope rises again.
    Keep up the good work!
    Mrs. K.Serrano

  3. ¡Excelente artículo! ¡Me lo disfruté y me me viví cada palabra, cada detalle y descripción! ¡Hasta sudé! Mis felicitaciones a Ivarelis López por su trabajo. Le auguro mucho éxito. Siempre ha sido una joven talentosa y muy responsable. Me honra haber sido una de sus maestras de escuela pública.

    1. Es un sentimiento tan inexplicable el que siento hacia todo lo que dices aquí. Esa experiencia no la olvido, mis compañeros no los olvido y sobre todo a los mejores educadores que he tenido tampoco los olvido. Aún cuento a mis familiares de esa gira y siento como si hubiese sido ayer.

      Los nenitos de publica siempre nos salimos con la nuestra. Y no es sorpresa que tú de eso si sabes. Que excelente el trabajo que hiciste!

  4. Que hermosos recuerdos me acabas de brindar con tu excelente artículo. Narraste detalles que pensaba que ya se me habían olvidado. No solo me ayudaste a recordar aquellos momentos de felicidad al igual que a cualquier otro estudiante de la clase graduanda “Jaidexian” que te lea, sino que subrayaste aquellas fuerzas que aveces pasan por desapercibidas, como adaptarse aún cuando casi nunca existen fondos para mejorar la educación. Lo más hermoso de todo es que no hubiéramos tenido aquellas dinámicas creativas de los maestros cuando improvisaban a falta de libros. Irónicamente, aprendimos más de ellas que de cualquier página en un libro.

    Al igual que en pública, estudié en Colegios privados, pero mis experiencias jamás se comprarían con la alegría que he sentido dentro de la pública.

    ¡Gracias por este hermoso artículo nostálgico!

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