
Aunque el agua potable es esencial para la supervivencia humana, millones de personas en el mundo aún viven sin acceso a este recurso básico.
Más de 1,000 niños menores de cinco años mueren cada día en el mundo a causa de enfermedades provocadas por el consumo de agua contaminada y condiciones de higiene deficientes, según datos presentados por la United Nations Water Conference (UNICEF).
Esta crisis humanitaria, que afecta principalmente a comunidades vulnerables en países en desarrollo, continúa agravándose debido al cambio climático, la escasez de agua potable y la desigualdad en el acceso a recursos básicos.
Se proyecta que de continuar la crisis de acceso a agua potable para 2050, tres de cada cuatro personas podrían verse afectadas por sequías más frecuentes e intensas, impulsadas por el cambio climático y el aumento de la demanda de agua dulce.
Periodistas y fotógrafos como Frederick Dharshie-Wissah han dedicado su trabajo a visibilizar las realidades que enfrentan comunidades vulnerables ante la escasez de agua. A través de su lente, Dharshie-Wissah transforma cifras y reportes internacionales en rostros humanos, mostrando cómo la falta de acceso a agua potable afecta especialmente a la niñez y a las poblaciones marginadas.

La escasez de agua ya no es una advertencia futura, sino una realidad presente que amenaza la salud, la estabilidad y la vida de millones de personas. Las imágenes capturadas por fotógrafos como Frederick Dharshie-Wissah sirven como recordatorio visual de la urgencia de esta crisis y del impacto humano detrás de cada estadística. Tomar conciencia, exigir políticas sostenibles y proteger este recurso esencial se vuelve una responsabilidad colectiva, ya que el acceso al agua potable no es un privilegio, sino un derecho fundamental para la supervivencia y el futuro de la humanidad.
