Cómo las narrativas periodísticas pueden influir en la comprensión pública de la violencia de género en Puerto Rico.
Texto: Hazell D. Nieves Seda
Imágenes: Emani J. Rosario Hernández
Video: Zulied M. Vega Afanador
-“¿Qué llevaba puesto?”
-“¿Por qué estaba sola?”
-“¿Y la madre dónde estaba?”
En Puerto Rico, preguntas como estas suelen surgir cada vez que ocurre un caso de violencia de género, un feminicidio, o la desaparición de una mujer joven. Aunque muchas veces aparecen en redes sociales, también forman parte de conversaciones mediáticas que, en lugar de enfocarse únicamente en el acto violento, terminan cuestionando las decisiones, conductas o entornos de las víctimas.
Más allá de informar, los medios de comunicación tienen el poder de moldear la manera en que la sociedad interpreta la violencia. La selección de palabras, titulares, imágenes y enfoques puede contribuir a crear empatía y comprensión o, por el contrario, reforzar prejuicios y procesos de re victimización. Precisamente, esa es una de las principales preocupaciones alrededor de la ausencia de perspectiva de género dentro de la cobertura mediática en Puerto Rico.
Para la senadora Ada Álvarez Conde, gran parte del problema comienza desde el desconocimiento sobre lo que realmente implica la perspectiva de género dentro del periodismo.
“Creo que hay un problema de que la gente no sabe definir qué es perspectiva de género”, expresó. “Por eso ha habido menos interés en tomar talleres o incorporarlo en los currículum, por todo el backlash que le han dado al tema sin entenderlo”.
Durante los últimos años, el término “perspectiva de género” ha sido objeto de controversia en distintos sectores políticos y sociales. Sin embargo, especialistas sostienen que aplicar perspectiva de género
dentro de los medios no significa alterar los hechos ni abandonar la objetividad periodística. Más bien, busca contextualizar la información y reconocer cómo ciertos discursos pueden perpetuar desigualdades o
culpabilizar indirectamente a las víctimas. La cobertura mediática de casos de violencia de género muchas veces se centra en detalles personales de las víctimas en lugar de profundizar en las causas estructurales del problema. Comentarios sobre la ropa que utilizaban, el lugar donde se encontraban o las decisiones que tomaron antes del crimen pueden desviar la conversación pública y alimentar narrativas de juicio.

Álvarez Conde señala que este patrón también ocurre cuando la responsabilidad se deposita desproporcionadamente sobre las madres o familiares. “Muchas veces se le echa la culpa a la madre, descartando que la responsabilidad sea tanto de uno como de la otra”, sostuvo.
Para la senadora, la falta de educación y sensibilidad alrededor de estos temas puede provocar coberturas que terminan normalizando ciertos prejuicios sociales.“Hay mucho juicio al que comete el crimen, pero no necesariamente comprensión”, afirmó.
Esa falta de comprensión puede tener consecuencias más profundas de lo que aparenta. De acuerdo con organizaciones dedicadas a atender la violencia de género, las narrativas cargadas de cuestionamientos y
estigmas pueden influir en la decisión de muchas víctimas de no denunciar o no buscar ayuda por miedo a ser juzgadas públicamente. Álvarez Conde entiende que el problema no se limita únicamente al
periodismo tradicional, sino también a la manera en que la conversación pública se desarrolla en redes sociales y plataformas digitales, donde la rapidez de la información muchas veces deja poco espacio para el contexto o la sensibilidad.
“Genera menos sensibilidad a la situación, pero también genera un sistema donde las víctimas que quieran salir tienen miedo a hablar”, expresó. “La persona que lo esté pasando puede considerar seriamente el ‘¿para qué lo hago si todo el mundo tiene el dedo acusador en vez de la mano que ayuda?’”

La senadora insiste en que parte de la solución requiere educación constante dentro de los espacios mediáticos y periodísticos. Para ella, la sensibilidad no surge únicamente desde la teoría, sino también
desde la exposición a historias reales y humanas que permiten comprender el impacto de la violencia más allá de un titular.
“Entrenarse recurrentemente sería ideal y la exposición a historias reales generaría sensibilidad”, indicó. En Puerto Rico, distintas organizaciones han impulsado iniciativas educativas y redes de apoyo dirigidas tanto a sobrevivientes de violencia de género como a profesionales de la comunicación. Una de ellas es Todas PR, medio y organización que promueve la educación, el análisis y la discusión de temas relacionados con equidad y derechos de las mujeres. De hecho, es el único medio de comunicación oficial de carácter feminista.
De igual forma, entidades como Proyecto Matria Puerto Rico ofrecen apoyo, orientación y acompañamiento a mujeres sobrevivientes de violencia. También existen líneas de ayuda como la Línea PAS, disponible para atender emergencias o situaciones de riesgo relacionadas con violencia doméstica y salud mental. Más allá de los recursos de apoyo, expertos señalan que resulta innecesario repensar el rol del periodismo dentro de una sociedad cada vez más expuesta a contenido inmediato y sensacionalista. En la búsqueda de interacción, exclusivas o viralidad, algunas coberturas pueden perder de vista el impacto humano de las historias que presentan.
