“Esta Isla”: Una cinta que revela el alma de Puerto Rico 

Por: Areli López Nieves (areli.lopez@upr.edu)

En la tarde de ayer pude aprender y escuchar sobre la película puertorriqueña Esta Isla (2025), dirigida por Cristian Carretero y Lorraine Jones, que presenta la historia de Bebo, un joven de un pueblo costero quien junto a su hermano, enfrenta dificultades económicas que lo llevan a involucrarse en actividades ilícitas. Tras un negocio fallido que termina en violencia, Bebo huye con Lola, una joven de clase alta que también busca escapar de su realidad. Durante su travesía por las montañas de Puerto Rico, ambos se enfrentan a su pasado, a la violencia que los persigue y a la posibilidad de redención en medio de un entorno natural y social complejo.  

Más allá de su trama, Esta Isla no es simplemente una historia de crimen o escape; es una representación profundamente simbólica de la realidad puertorriqueña contemporánea. La película funciona como un retrato social donde la juventud, la desigualdad y la búsqueda de  identidad se entrelazan constantemente. Desde mi perspectiva, lo más impactante es cómo la historia utiliza el viaje físico de los protagonistas como una metáfora del viaje interno que atraviesan: un proceso de transformación marcado por la culpa, el amor y la necesidad de sobrevivir. 

El desarrollo de la cinta es particularmente interesante porque no surge de cero, sino que es una expansión de un cortometraje previo del mismo nombre realizado en 2014. Esto le añade profundidad, ya que se nota que la historia ha sido trabajada y refinada con el tiempo. Los directores no solo amplían la narrativa, sino que también incorporan experiencias reales del contexto puertorriqueño, lo que le da autenticidad emocional y política. La película no se siente artificial; al contrario, transmite una sensación de realidad cruda, casi documental en algunos momentos. 

Uno de los aspectos más fuertes es su significado profundo. Esta Isla aborda temas como el colonialismo, la pobreza, la violencia y la resiliencia del pueblo puertorriqueño. No presenta una visión idealizada de la isla, sino una más honesta y compleja. La relación entre Bebo y Lola también simboliza el choque de clases sociales: él representa la lucha diaria por sobrevivir, mientras que ella refleja otro tipo de crisis, más emocional que económica. Esta dualidad permite que el espectador entienda que, aunque sus realidades son diferentes, ambos están atrapados en sistemas que los limitan. 

El estilo de la película también contribuye a su impacto. Los directores adoptan un enfoque cercano al realismo, influenciado por corrientes como el neorrealismo italiano, utilizando actores jóvenes y en algunos casos no profesionales para lograr interpretaciones más naturales. Esto hace que las actuaciones se sientan genuinas, sin exageraciones, como si estuviéramos viendo la vida real desarrollarse frente a nosotros. El casting, encabezado por Zion Ortiz y Fabiola Brown, logra transmitir vulnerabilidad y fuerza al mismo tiempo, algo esencial para que la historia funcione emocionalmente.  

Además, la química entre los protagonistas es clave. No es una relación romántica típica de película comercial; es más cruda, más humana, llena de incertidumbre. Esto aporta realismo y evita que la historia caiga en clichés. 

Otro elemento fundamental es el uso de las locaciones. La película fue filmada en múltiples lugares de Puerto Rico en  como Mayagüez, Añasco, Las Marías, Cabo Rojo y otros, lo que permite mostrar la diversidad geográfica y social de la isla. Las montañas, la costa y las comunidades rurales no son solo escenarios, sino personajes en sí mismos. Representan tanto refugio como peligro, pasado y presente. Este uso del espacio refuerza el mensaje de la película: Puerto Rico no es solo un lugar, sino una experiencia marcada por historia, lucha y transformación. 

También es importante destacar cómo la cinematografía contribuye al tono general. La manera en que se capturan los paisajes crea un contraste constante entre la belleza natural de la isla y la dureza de las situaciones que viven los personajes. Esto genera una tensión visual que refuerza el conflicto central: un paraíso que, al mismo tiempo, puede ser escenario de dolor y supervivencia. 

En cuanto al impacto general, Esta Isla logra posicionarse como una de las producciones puertorriqueñas más relevantes recientes, incluso ganando premios importantes en festivales internacionales. Sin embargo, más allá de los reconocimientos, su verdadero valor está en su capacidad de contar una historia local con alcance universal. Cualquier persona, sin importar su origen, puede conectar con los temas de pérdida, búsqueda y esperanza. 

En conclusión, Esta Isla es una película que va mucho más allá de su narrativa superficial. Es una obra que combina cine, realidad social y poesía visual para ofrecer una mirada profunda a Puerto Rico y a su gente. Su desarrollo cuidadoso, su significado simbólico, su casting auténtico y el uso poderoso de las locaciones la convierten en una experiencia cinematográfica completa. No es una película fácil ni ligera, pero precisamente por eso resulta tan impactante y necesaria. 

La película se presentó el pasado jueves, 26 de marzo en la Sala de Cine de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo (UPRA) como parte de los eventos del Mes de la Comunicación 2026. Esta reseña fue escrita por una estudiante de mi primer año del Departamento de Comunicación Tele-Radial de UPRA.

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Author: Colaborador/a de Tinta Digital

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