Foto reportaje por:
Aurelio Torres Delgado – Texto y edición
Gabriela González – Fotos y edición de video, entrevista
El olor a helado es inevitable. Desde el momento en que se cruza la entrada, el visitante queda envuelto en una mezcla de aromas dulces y curiosidad. A simple vista, las paredes capturan la atención: están cubiertas con titulares periodísticos enmarcados que narran la historia del lugar y el legado de su fundador, Salvador “Yinyo” Barreto Soto. Entre ellos, destacan fotografías del propio creador de este negocio, junto a figuras como el entonces presidente Bill Clinton, personalidades puertorriqueñas como Maripily Rivera y el artista Wilkins.

A la derecha, una pared completamente dedicada a Lares —en especial al Grito de Lares— resalta con imágenes de figuras históricas como Pedro Albizu Campos, dejando ver claramente la visión social y el compromiso cultural del fundador. Esta experiencia visual se complementa con una oferta de sabores poco convencionales: calabaza, cilantro, aguacate y arroz con salchichas, que rompen con la idea tradicional de lo que debe ser una heladería.

Los mismos sabores que han continuado su legado, incluso después del fallecimiento de Barreto Soto en 2012. Hoy, bajo la dirección de su hijo, Alberto Barreto Peña, el negocio no solo se ha mantenido en pie, sino que ha evolucionado, ampliando su oferta desde combinaciones tradicionales hasta propuestas más arriesgadas como bacalao, ají y otras variantes que fortalecen su carácter distintivo dentro del mercado local.

Hoy el helado es un elemento cotidiano dentro de la gastronomía puertorriqueña, aunque su comercialización en la isla tiene raíces en la inmigración china a finales del siglo XIX y principios del XX. Fueron precisamente, muchos de estos inmigrantes, quienes establecieron pequeños negocios, incluyendo restaurantes, colmados y heladerías, introduciendo técnicas de preparación y venta que posteriormente fueron adoptadas por comerciantes puertorriqueños. Con el tiempo, ese modelo evolucionó y se amalgamó con la cultura local, dando paso a propuestas únicas que hoy forman parte de la identidad del país. Heladería Lares representa una de las manifestaciones más claras de esa adaptación cultural.
Natural de Lares, Barreto Peña creció directamente vinculado al negocio familiar, una tradición que comenzó de forma humilde en la casa de sus abuelos. En sus inicios, la heladería operaba en un espacio reducido con apenas cuatro sabores. Con el paso de los años, evolucionó hasta consolidarse como un punto de referencia cultural y gastronómico en Puerto Rico.
De cierre a renacimiento

La historia del negocio no ha estado exenta de momentos difíciles. Tras el fallecimiento de su padre en 2012, la heladería cerró sus puertas, marcando una pausa significativa en una tradición profundamente arraigada en la comunidad.
Sin embargo, años más tarde, entre 2016 y 2017, Alberto Barreto Peña decidió retomar el legado familiar. Con determinación, adquirió el negocio y lo reabrió, iniciando así una nueva etapa que combina respeto por la tradición con una visión de continuidad.
Formación, trabajo y experiencia
Desde joven, Barreto Peña se involucró activamente en la heladería, incluso mientras cursaba estudios en Administración de Empresas en la Universidad de Puerto Rico. Durante esa etapa, trabajaba en el negocio familiar, lo que le permitió desarrollar un conocimiento práctico del producto, el servicio y la operación diaria.
Antes de asumir completamente las riendas del establecimiento, también se desempeñó en el departamento de crédito de Sales Marin, una reconocida cadena de tiendas en Puerto Rico con más de un siglo de trayectoria. Esta experiencia fortaleció sus habilidades administrativas y financieras, herramientas que hoy aplica en la gestión del negocio.

Un legado familiar y personal
Barreto Peña forma parte de una familia de seis hermanos —cuatro varones y dos mujeres—, siendo él el único que asumió la responsabilidad directa de continuar con la heladería. Además de su rol como empresario, es padre de tres hijos, una faceta que añade una dimensión más personal a su historia.
Actualmente, ninguno de sus hijos trabaja en el negocio, pero su liderazgo continúa cimentando las bases de una tradición familiar que podría extenderse a futuras generaciones.
Tradición que evoluciona
Desde su reapertura, la Heladería Lares ha mantenido su esencia: ofrecer una amplia variedad de sabores, muchos de ellos innovadores, sin perder la identidad que la convirtió en un ícono. Entre sus productos más destacados se encuentra el helado de maíz, considerado el más vendido, así como sabores exóticos como bacalao, arroz con habichuelas, arroz con salchichas y cilantro.

Hoy, bajo la dirección de Barreto Peña, la heladería continúa siendo un punto de encuentro para locales y visitantes, consolidándose como una parada obligatoria dentro del turismo interno de Puerto Rico.
Mirando hacia el futuro
Para Barreto Peña, continuar el negocio familiar ha sido también una experiencia profundamente emocional. Haber crecido dentro de la heladería hizo que, al retomar el proyecto, sintiera que regresaba a casa.
La nueva etapa de la Heladería Lares no busca reinventar su historia, sino fortalecerla. Con una base sólida y un legado claro, enfrenta el desafío de mantener vigente una tradición que forma parte de la identidad cultural del país.

