Aceptó asistir a una experiencia vocacional para complacer a su madre, sin imaginar que aquella decisión transformaría su vida para siempre.
Foto reportaje realizado por:
Edelmarie T. Salamanca Cortés- texto
Ariana M. Meléndez Figueroa- video y edición Nydielis M. Ruiz González- fotos

El 18 de agosto de 1966, en San Francisco de Macorís, República Dominicana, nació Elmon Manuel Hernández Faña, hijo de Manuel Hernández Contreras y Gertrudis Faña Bretón. Es uno de nueve hermanos y ocupa la séptima posición entre ellos. Creció en un ambiente familiar tranquilo, marcado por la confianza y la humildad. Desde joven fue inquieto y mostró un deseo constante de superación. En su entorno, la vida seguía un camino tradicional de estudio, trabajo, matrimonio y formación de una familia, sin imaginar aún el rumbo que tomaría.
A los catorce años, en su escuela, una promotora vocacional se acercó a él y a otros compañeros para invitarlos a participar en una experiencia vocacional religiosa, en la que los jóvenes podían explorar el llamado que, según la fe, Dios hace a las personas para consagrarse a distintas vocaciones como el sacerdocio, el matrimonio o la vida consagrada. La mujer le preguntó a Elmon si estaba interesado en participar, a lo que él respondió que debía consultarlo primero con su madre, quien era la encargada de darle el permiso. Aquel día, Elmon no conocía a la promotora ni tenía información previa sobre ella.
Al salir de la escuela, regresó caminando a su casa. Al llegar, se encontró con que la promotora ya había hablado con su madre. La señora Gertrudis lo recibió con una emoción distinta y un brillo en los ojos, y le dijo: “Tengo una sorpresa para ti, pero no me puedes decir que no”. Elmon aceptó la invitación de su madre- no tanto por un interés inicial en la experiencia vocacional- sino porque veía en ella la oportunidad de salir de su entorno y conocer otras partes de su país que aún no había tenido la posibilidad de explorar.
Vivió la experiencia vocacional, experiencia que aptó su atención y lo llevó a cuestionarse si realmente estaba llamado al sacerdocio. Decidió participar en una segunda experiencia, en la que al finalizar, se seleccionarían los jóvenes para ingresar al seminario menor. Sin embargo, debido a la falta de experiencia, Elmon no fue admitido. Tras no ser seleccionado, interpretó ese momento como una señal de que quizás ese no era su camino en ese momento.
“No volveré al Seminario”, se dijo a sí mismo.
Con la idea de que el sacerdocio no era para él, Elmon dejó a un lado el seminario y continuó sus estudios en noveno grado. Para su sorpresa, el director de su escuela se convirtió en promotor vocacional. Conociendo que Elmon ya había participado en experiencias vocacionales religiosas, se acercó a él para invitarlo nuevamente a participar y para motivarlo a acompañar a otros jóvenes en la experiencia. Con dudas, Elmon decidió intentarlo otra vez.

Tras esta experiencia, logró ser aceptado en el Seminario Menor de Jarabacoa a los dieciséis años, en 1983, donde permaneció hasta 1986. Su formación continuó dentro del carisma salesiano, una congregación fundada por San Juan Bosco y dedicada a la educación y acompañamiento de los jóvenes.
Luego del seminario menor, ingresó al prenoviciado salesiano en Santo Domingo, en el Hogar Escuela Santo Domingo Savio. Entre 1987 y 1988 realizó el noviciado, etapa de mayor discernimiento en la vida religiosa. Posteriormente pasó al postnoviciado en la residencia Miguel Rúa, también en Santo Domingo, donde cursó estudios de Filosofía y obtuvo un profesorado técnico en Educación Media con concentración en Ciencias Sociales e Idioma Nacional.
Como parte de su proceso formativo, realizó su práctica docente como maestro durante dos años, primero en el Hogar Escuela Santo Domingo Savio y luego en el seminario menor de Jarabacoa, entre 1992 y 1993.
En su segundo año ejerciendo como maestro, como parte de su proceso formativo, sus superiores le gestionaron una visa FM1, un formato migratorio utilizado en México para la residencia temporal, necesaria para cursar su último año de teología antes de la ordenación sacerdotal. Sin embargo, dicha visa venció debido a que debía cumplir con su periodo como maestro.
Ante esta situación, Elmon Hernández solicitó en la República Dominicana una visa de paseo en la embajada de Estados Unidos, con la cual logró viajar a ese país. Debido al poco tiempo disponible para integrarse a sus estudios en México, decidió cruzar la frontera entre Estados Unidos y México para poder cumplir con el requisito final de su formación sacerdotal.
Durante ese proceso, vivió momentos de temor e incertidumbre, ya que desconocía qué podía ocurrir si era detenido por las autoridades migratorias. Elmon ha expresado que una detención en ese momento habría significado el final de su proceso vocacional y un rumbo completamente distinto en su vida.
«Entrar ilegal a un país no es fácil», dice.
Los dos años que vivió en México fueron especialmente difíciles para él, debido a la separación de su familia y a las limitaciones que enfrentaba por su estatus migratorio, que restringía su movilidad dentro del país. Sin embargo, gracias al acompañamiento de la comunidad salesiana, pudo continuar su formación y culminar sus estudios en ese periodo.
Elmon Hernández ha expresado que esta experiencia le permitió comprender la importancia del acompañamiento y la fe durante momentos de dificultad. Actualmente la recuerda como una etapa significativa de su vida, la cual le ha servido para orientar a otras personas que enfrentan procesos migratorios similares.
El 2 de agosto de 1997, Elmon Hernández fue ordenado sacerdote en la Parroquia Domingo Savio de La Vega, en la República Dominicana, culminando así su proceso de formación vocacional.
En 2001 llegó a Puerto Rico, donde fue asignado a la Parroquia San Juan Bautista de Orocovis, iniciando su labor pastoral en la isla. Posteriormente, en 2008, completó una maestría en Gestión de Centros Educativos en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, en Santiago de los Caballeros, República Dominicana. Regresó nuevamente a Puerto Rico en 2010 para continuar su servicio pastoral.

El “sí” que Elmon Hernández dio a su madre para vivir la experiencia vocacional marcó el inicio de un camino que definiría su vida. En 2015 fue nombrado párroco de la Iglesia Santísima Trinidad, en Almirante Sur, Vega Baja, Puerto Rico.
En medio de este proceso de adaptación a una nueva comunidad parroquial, enfrentó uno de los momentos más difíciles de su vida con el fallecimiento de su madre, la señora Gertrudis Faña Bretón, en la República Dominicana. Elmon ha expresado que su madre fue su “mentora” y la persona que siempre lo mantenía cerca de la fe.
Ante esta situación, debido a sus responsabilidades pastorales, tuvo que atender primero la organización de la parroquia antes de poder viajar a su país. No pudo salir de inmediato, ya que debía asegurar la continuidad de las actividades y el cuidado de su comunidad. Una vez cumplidos estos compromisos, viajó a la República Dominicana para acompañar a su familia en los actos fúnebres, antes de regresar nuevamente a sus funciones como párroco.
Elmon ha señalado que este momento lo ayudó a reafirmar su fe y a afrontar la pérdida desde una perspectiva de esperanza, recordando el pensamiento de que “la muerte no define todo, sino que hay una vida después de la muerte”.

La historia de Elmon Manuel Hernández Faña va más allá de un llamado vocacional religioso. Su camino estuvo marcado por desafíos personales, económicos y migratorios que influyeron en su proceso de formación.
Aunque con frecuencia el sacerdocio es asociado a una imagen de perfección, Elmon ha expresado que los sacerdotes también son personas comunes, con sentimientos, dificultades y procesos personales, que buscan acompañar a otros en su camino de fe. Desde esa perspectiva, su deseo ha sido ser recordado como alguien cercano, que luchó por sus ideales y que ha contribuido, desde su labor pastoral, a la construcción de una “civilización del amor”.
Su historia refleja que los sueños implican decisiones difíciles y que, incluso al alcanzarlos, no están exentos de retos. En su caso, esto ha incluido la distancia de su familia y los sacrificios propios de su vocación, que lo han llevado a vivir largos periodos lejos de sus seres queridos.
Elmon ha expresado que es necesario amar lo que se ejerce en la vida para poder enfrentar los retos que esta presenta. Recuerda que aquel joven de 14 años nunca imaginó que llegaría a convertirse en párroco de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen en Isabela, Puerto Rico, ni que viviría fuera de su país natal. Hoy se muestra agradecido con Dios y con la vida por el camino recorrido.

2 respuestas a «El sí que cambió la vida del padre Elmon Hernández»
Exelente reportaje 👏
Excelente reportaje.