No es solo una aguja ensangrentada

Por, Kariana Y. Vega Sánchez – kariana.vega@upr.edu

Son aproximadamente las 12:30 de la noche, Sasha Estremera, una madre y su hijo de 1 año que presenta un cuadro clínico preocupante, se dirige al Hospital Pavía de Arecibo. Tan pronto llega al hospital, la situación se torna más estresante de lo que ya era. No sabe dónde dejar su carro ya que no hay rótulos que indiquen dónde es el estacionamiento.

Donde dice Emergencia hay unos barrotes que separan el “parking” de la entrada de la Sala de Emergencias y no hay ni un letrero que indique que esa no es la entrada. El oficial de seguridad que estaba enfrente de la puerta de Emergencias, ve la situación de la madre y no se digna a decirle dónde es que realmente se tiene que estacionar. 

No es hasta que llega otro paciente y le dice “el estacionamiento no es aquí, es dando la vuelta”, que Sasha logró entender. Cuando por fin consigue el estacionamiento, se percata que el espacio es sumamente pequeño, conseguir dónde dejar el carro es otro maratón. No hay rampas de impedido para subir a la Sala de Emergencias Pediátrica. Con su bebé enfermo en brazos, Sasha tuvo que subir por una cuesta, porque se le imposibilitaba ascender sola con su bebe y un coche por las escaleras. Luego de todo esto, llega a la Sala de Emergencias y se sienta en las frías e incómodas sillas a esperar ser atendida. 

Cinco horas desde que llega y no es hasta que entra, pregunta e insiste, que atienden a su bebe como a eso de las 5:30 de la mañana. El tiempo de espera es demasiado y todos los pacientes en la Sala comentan sobre la interminable angustia que implica esto y las pésimas condiciones en las que se encuentran todos los hospitales de Puerto Rico, pues según comentaban los demás. “Ningún hospital sirve en el país”.

Está garantizado que para poder curar hay que cuidar, y el acto de cuidar nada tiene de sencillo. Requiere empatía y un espíritu de hospitalidad que acoja al enfermo sin importar su procedencia o condiciones, pero pareciera que los empleados no tienen ese sentido de cuidado bien desarrollado.

El trato del personal hacia esa madre con su bebe fue lamentable. No fueron amables, pacientes, considerados, respetuosos y la trataron con indiferencia, como si les molestara que llegaran las personas a atenderse. La única enfermera que mostró pasión y amor por su trabajo fue una señora mayor que la trató feliz, con buena energía, respeto y mucha ética. 

Si bien es cierto que no se le puede coger pena a un bebé cuando se atiende médicamente, también es cierto que debemos tratarlos con delicadeza, pues son bebés. Al niño de Sasha no le encontraban la vena para poder sacarle sangre y hacerle los laboratorios pertinentes, así que lo pincharon múltiples veces para poder extraerle la sangre y fueron poco humanos al hacerlo. 

Según oficiales del Departamento de Salud, más de 8,000 médicos han dejado de ejercer la medicina en Puerto Rico en los pasados trece años. Si analizamos estos números, podemos concluir que la isla perdió el 46% de sus facultativos médicos en poco más de una década. La situación es que los médicos no son los únicos que se están yendo del país. En los hospitales de Puerto Rico no solo faltan médicos y especialistas. También hacen falta enfermeros, personal administrativo y personal de mantenimiento.

Esto se refiere a personal de mantenimiento sobre todo, pues no cuentan con un personal específico para limpieza. “Los mismos enfermeros tienen que limpiar lo que se ensucia en plena Sala de Emergencias. Eso de tener una persona que limpie cada cierto tiempo no existe allí, pueden pasar 12 horas y todavía estar la basura y los fluidos de otros pacientes en el suelo.”

Lo más escandaloso de toda la situación: ¿Cómo es posible que haya agujas ensangrentadas en el piso de una sala donde atienden a niños? Sí, agujas ya usadas con sangre tiradas en el piso. Cuando Sasha le menciona esto al enfermero, él contesta como si a nadie le importara la situación: “Ah, eso no es nuevo aquí”. Había una aguja en un lavamanos dañado, el lavamanos estaba cubierto con un plástico azul, y al parecer lo utilizaban para colocar cosas, pues tenía una aguja llena de sangre encima de ese plástico. En el suelo debajo de ese lavamanos había más agujas ensangrentadas. Estaban al alcance de cualquiera, siendo esto un peligro para los mismos empleados y para los pacientes que allí se atienden. 

Después de horas de malas experiencias, deciden dejar hospitalizado al niño porque su cuadro clínico no mejoraba. Se quedan allí por tres días, en un cuarto con poca higiene. Esos días Sasha y su bebe compartieron el baño con otros cuatro pacientes. El mayor problema no era compartir estos espacios, sino que el verdadero problema era la higiene. “La basura en los zafacones se desbordaba y la suciedad en el cuarto era impresionante”. Antes de usar el baño, tenía que recurrir a sus propios productos de limpieza para desinfectarlo antes de usarlo. 

Luego de esta pésima experiencia, el bebé de Sasha fue dado de alta. Por fin pueden volver a casa. Semanas después tienen que volver a Emergencias y pasar por la misma experiencia, pero ya eso es otra historia. 

Kariana Vega
Author: Kariana Vega¡Hola! Soy Kariana Vega estudio comunicaciones en la Universidad de Puerto Rico en Arecibo. Aspiró a convertirme en periodista y ser la voz de los que no la tienen.

3 comentarios en “No es solo una aguja ensangrentada”

  1. Lamentablemente situación,la he vivido.Recientemente acudí sala emergencias por una fuerte migraña,después de 1 hora me tomaron vitales y para que Dr.me atendiera pasaron 2 horas que tuve irme acostar al auto pues no había camilla disponible y no podía permanecer sentada del dolor.Hay poca empatía con el paciente.

  2. Lamentamos que esta es una triste realidad en un país donde hay tanto potencial. Mi nieto y yo quería sacarlo de allí y trasladarlo a USA. Algo tiene que cambiar. Excelente artículo.

  3. Triste realidad. La cual nadie se ha dignado en resolver. Lo peor del caso, es que va de mal en peor. No hay empatía para los pacientes y mucho menos hacia el personal de la salud. Es una gran cadena, que si no lo de tienen, continuará evolucionando, pero hacia lo negativo. Excelente reportaje.

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