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Opinión: La popularidad no sustituye la credibilidad

Según el estudio “America’s News Influencers” realizado por el Pew Research Center, aproximadamente uno de cada cinco adultos estadounidenses, quienes representan el 21% de la población estadounidense, afirma que recibe regularmente noticias de personas influyentes en las redes sociales. Además, el 77% de estos influencers no tiene ningún tipo de experiencia previa en medios de comunicación institucionales.

No se puede negar que existen influencers que se han convertido en referentes informativos, especialmente entre los más jóvenes, como por ejemplo, Jorge Pabón “El Molusco” aquí en Puerto Rico, quien cuenta con un equipo de producción impresionante, con la capacidad de ofrecer cobertura inmediata de los acontecimientos más relevantes, tanto locales como internacionales.

No obstante, también hay que poner la mirada en el otro lado de la moneda. En diversas ocasiones, se ha señalado que ha utilizado contenido generado por periodistas profesionales sin otorgar el crédito correspondiente. Traigo su caso- no por señalarlo directamente- sino porque es uno de los ejemplos más visibles del fenómeno que quiero plantear: la figura del periodista tradicional está siendo desplazada por creadores de contenido que no necesariamente siguen los mismos estándares éticos y profesionales. Y que sencillamente NO poseen la preparación académica que amerita ser un Periodista. 

Y esto, francamente, me parece preocupante…

Mientras que muchos de estos comunicadores responden más a lógicas de entretenimiento y viralidad, los periodistas profesionales, como lo son: Celimar Adames Casalduc, Sandra Rodríguez Cotto, Núria Sebazco Lugo, Omaya Sosa Pascual y José Esteves Montesino, sustentan su trabajo en la ética, la formación académica y la verificación rigurosa de la información. Son ellos quienes, a pesar del creciente desplazamiento y la presión que enfrentan ante la popularidad de los influencers, siguen comprometidos con informar con responsabilidad y profundidad.

No se trata de negar el valor del contenido digital o de quienes lo crean. Se trata de reconocer que la información no puede convertirse en un simple producto de consumo rápido sin consecuencias. Cuando el entretenimiento sustituye al periodismo, lo que está en juego es mucho más que un “like”, es el derecho del público a estar bien informado.

Desde el auge del avance tecnológico, especialmente tras la pandemia del COVID-19, se ha multiplicado el número de personas que se hacen pasar por periodistas profesionales, basándose únicamente en el hecho de tener una plataforma desde la cual pueden difundir todo tipo de información, sin reconocer que puede tener serias implicaciones para la calidad y la veracidad de la información que circula.

Esto ha traído consigo un latente protagonismo por parte de los influencers, sí tienen un protagonismo indiscutible,  que ha provocado una disminución en la credibilidad de los profesionales del periodismo, mientras los “influencers” comienzan a destacarse, o incluso posicionarse,  como fuente principal de información en temas educativos, políticos, de salud, entre otros. Resalto que esta fama puede surgir a raíz de un video irrelevante o un suceso cómico; no necesariamente proviene de haber informado o cubierto algún tema de manera seria o rigurosa…

Los medios de comunicación han fallado en educar a la audiencia sobre el fenómeno de los influencers, un fenómeno que ha transformado no solo la manera en que la información se transmite, sino también cómo se recibe e interpreta. Asimismo, han fallado en destacar las diferencias entre un periodista profesional, con formación académica y ética, y una persona sin preparación que difunde mensajes con evidencia escasa o nula, amparada únicamente en su carisma y popularidad.

Una sociedad mal informada o desinformada es sinónimo de una sociedad perdida porque la información es la base de todo… ¿Qué quiero decir con esto? Si, como profesionales, permitimos que personas no capacitadas dominen nuestros medios, como seres sociales seremos incapaces de tomar decisiones seguras y fundamentadas, tanto a nivel individual como colectivo, información vital para decisiones inmediatas y futuras.

Por esta razón, considero imperativo destacar la diferencia entre un profesional del periodismo y alguien que, en la gran mayoría de los casos, no posee la formación necesaria para sustentar la información que ofrece. Asimismo, exhorto a la ciudadanía a informarse a través de fuentes confiables e identificar siempre el origen de la información porque también la desinformación es responsabilidad nuestra, de la audiencia.

Reitero la expresión de la presidenta de Overseas Press Club, Gloria Ruiz Kuilan, en su campaña: «No somos lo mismo»: Los periodistas somos profesionales con una responsabilidad indelegable de informar sin matices.

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 ¿Y los padres dónde están?

Lo que comenzó como una campaña del programa Jugando Pelota Dura en el Canal 11, se convirtió en una pregunta que retumba en la sociedad puertorriqueña: ¿Y los padres dónde están? La intención es clara: visibilizar el maltrato de menores y denunciar la ausencia de adultos responsables. Pero el problema es más complejo que un eslogan televisivo y nunca ha sido la pregunta.

En días recientes vimos un caso que estremeció al país: una joven asesinada a cuchillazos por sus amigas, con la madre de la victimaria participando del crimen y la madre de la víctima siendo sujetada para no defender a su hija. Escenarios como este exponen una fractura social que va más allá de la presencia —o ausencia— de los padres.

Decir que los padres no están es una frase fácil de repetir, pero superficial. ¿Cómo estar presentes cuando la realidad económica exige dos empleos para sostener el hogar? Padres y madres que salen de madrugada y regresan de noche, mientras los niños pasan de 7:30 a 5:30 en la escuela o en cuidos extendidos. ¿Ausentes? No. Agotados por un sistema que exige sobrevivir.

Hablar de paternidad responsable desde la comodidad de un hogar funcional (o medianamente funcional) es fácil, pero en los caseríos y en los barrios marginados, la realidad es otra: hogares fragmentados, padres que nunca aprendieron a ser padres, madres solas que luchan contra la pobreza, familias que sobreviven entre la violencia, la falta de empleo y la desesperanza.

Entonces, ¿de qué “padres” hablamos cuando para miles de niños simplemente no existen? ¿O cuando existen, pero no cuentan con los recursos, las herramientas ni el respaldo para romper el ciclo?

En Puerto Rico no abundan las herramientas que permitan al padre ofrecer una vida digna: falta apoyo estatal, recursos accesibles y un sistema educativo y de salud robusto. Entonces, ¿dónde está el Estado cuando las familias fallan? ¿Dónde están las comunidades y los recursos que antes servían de red de apoyo?

La campaña originaria en formato televisivo pudo haber empezado en otro lugar: en la conciencia de los propios menores, en un mensaje creativo que los interpela directamente sobre la importancia de cuidarse y cuidar a otros. Porque los padres, aunque sepan la realidad de sus hijos, muchas veces carecen de las herramientas para transformarla. Y sin un Estado presente, los esfuerzos individuales quedan en el vacío.

Hace dos décadas, la televisión era el medio principal por el cual los menores recibían mensajes sociales: campañas contra las drogas, anuncios de seguridad, programación infantil con valores. Hoy, el consumo infantil está dominado por internet, un espacio sin filtro donde la niñez se acelera y los niños quieren ser grandes antes de tiempo. No basta con preguntarle a los padres dónde están; también debemos preguntarnos dónde está la escuela, dónde está la comunidad, dónde está el país entero cuando un menor consume contenido sin límite ni guía.

La campaña televisiva asegura que quiere evolucionar en su mensaje, ampliando la pregunta de “¿y los padres dónde están?” hacia “¿dónde están las escuelas, las comunidades, el Estado?”. Su misión principal es proteger a los ciudadanos y hacer cumplir las leyes, además de prevenir el crimen y responder a emergencias. Sin embargo, comenzar por señalar únicamente a los padres parece más una estrategia publicitaria para generar altos índices de rating y evitar entrar en conflicto con otros sectores de poder que un análisis real de la situación. Ese enfoque inicial ignora la complejidad del pueblo puertorriqueño y las condiciones de la familia tradicional boricua, donde muchas veces la ausencia no responde a negligencia, sino a la necesidad de sobrevivir en un país donde dos trabajos apenas alcanzan para cubrir lo básico.

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Opinión: El deporte hoy es un lujo

Imagen generada por inteligencia artificial.

Las facilidades deportivas en Puerto Rico representan el talón de Aquiles de todo un pueblo.  

Pobre alumbrado, estructuras débiles, techos colapsados y maleza por doquier son algunas de las características que, lamentablemente, predominan en muchas facilidades deportivas del país. La mayoría de paredes cubiertas en grafiti, su acceso se convierte en todo un acertijo para intentar esquivar los cristales rotos que cubren sus suelos. Lo que debería ser un refugio para niños, jóvenes y adultos que desean recrearse, se convierte en hogar para animales, plagas, enfermedades y suciedad. La ausencia de facilidades aptas para su uso desata una serie de problemas mucho más allá de lo pensado. Las cifras recientes de estudios realizados por el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) lo ponen en evidencia: la población puertorriqueña cuenta con un 49% de sedentarismo y el 68% presenta sobrepeso. El impacto de un complejo deportivo en una comunidad es sumamente notable; pero, cuando se carece de esta poderosa herramienta, se nota aún más su efecto a gran escala.  

 En varios años la selección nacional femenina de voleibol de Puerto Rico sufrirá el retiro de jugadoras que desempeñan labores estelares en cancha. La veterana central Neira Ortiz, quien con 6´5¨ de estatura domina la malla alta, es una de ellas. Con su posible retiro, llega una incertidumbre directa y puntual: no hay prospectos con suficiente estatura para llenar el gran vacío que deja Ortiz. A pesar de que existen muchos equipos y clubes de voleibol en Puerto Rico, son muy pocos los prospectos que lanzan su carrera a nivel profesional. Un factor que afecta de manera directa este aspecto es la falta de instalaciones apropiadas para el desarrollo de los atletas que practican este deporte.  

Por su parte, en el béisbol el panorama no pinta muy diferente. Puerto Rico ha sido por años la cuna de grandes peloteros. Lindor, Hernández, Alomar, Clemente, Beltrán y Rodríguez han dado gloria al país representando sus colores y desempeñándose con altura en las Grandes Ligas. Sin embargo, desde hace ya varios años son cada vez menos los prospectos puertorriqueños que logran asegurar su espacio en uno de los equipos de la Major League Baseball.  

Esto ha llevado a academias de béisbol privadas alrededor de toda la isla a repensar sus estrategias y programas de trabajo, uniendo fuerzas para buscar producir grandes prospectos en este deporte. Sin embargo, aún son muchos los sectores que quedan desatendidos en este esfuerzo.

¿Qué pasa con los jóvenes de escasos recursos? ¿Y los niños y niñas que sueñan ser algún día como los deportistas que ven en la televisión? ¿Dónde quedó la niñez que juega en los torneos de barrio buscando desarrollarse? ¿Qué pasa con todos ellos? La respuesta es sencilla: sin parques y canchas no hay atletas.  

El atleta de alto rendimiento no nace en la selección nacional ni en una liga profesional, nace en las canchas y parques de los barrios. Son estas facilidades deportivas las que acogen los sueños de la niñez puertorriqueña y despiertan su interés en el ámbito deportivo. Es imperativo contar con facilidades deportivas aptas para el disfrute y desarrollo, no solo de los niños, sino de cada miembro de la sociedad. Grandes y chicos necesitan de actividad física para mantener un estilo de vida saludable y esto no es posible sin las facilidades equipadas de las herramientas correctas, limpias, con alumbrado, suelos estables y techos seguros.  


Más allá de ser un lugar alternativo, las facilidades deportivas se convierten en un hogar para quienes la utilizan. Tener un complejo deportivo accesible forma parte integral del desarrollo de cada individuo y grandes recuerdos se forjan en sus alrededores. Ya esta situación no se trata de asegurar las próximas generaciones de atletas de alto rendimiento, sino de impulsar el desarrollo social, interpersonal, la amistad, el trabajo en equipo, la cultura, la comunicación efectiva, aprender a compartir y tantos otros regalos que recibimos en los complejos deportivos, de la actividad física y el deporte. Todo lo antes mencionado representa salud en todas sus facetas. El sistema actual penaliza a las futuras generaciones haciéndoles pagar un precio muy alto por el deporte, la movilidad, las artes y la creatividad; esto no debe ser un lujo para nadie. Aspiremos a un futuro en el que cada comunidad cuente con facilidades accesibles y aptas para su utilización. Una facilidad deportiva se convierte en una casa y quien carece de una, carece de identidad. 

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¿Buscamos al culpable o evadimos la culpa?

En lo que va de año, algunos jóvenes con pensamientos suicidas que recurrieron a ChatGPT, terminaron privándose de la vida.

Ante el suicidio de jóvenes que utilizaron esta aplicación antes de morir, algunos padres, como los de Adam Raine culpan a la inteligencia artificial de la muerte de sus hijos. La pregunta no es si la inteligencia artificial es culpable o no, sino: ¿por qué nuestros jóvenes prefieren hablar con una inteligencia artificial y no con nosotros? Y el problema no radica únicamente en los chatbots, sino en la relación paternal y social debilitada. Además, el gobierno debe implementar medidas de control a estas aplicaciones de IA y buscar soluciones . Evidencia de esto es la campaña de Pelota Dura, titulada “¿Y los padres dónde están?”, creada para crear conciencia sobre la violencia juvenil en Puerto Rico. Esto nos muestra la realidad de algunos jóvenes afectados por factores sociales y la poca importancia que otorga el gobierno a la salud mental. Los casos reportados de algunos jóvenes y adultos han mostrado que utilizan esta IA en lugar de visitar un psicólogo, reemplazando la ayuda profesional. Esto refleja que la culpa está en la utilidad que realizamos a estas aplicaciones.

«…casi todos los problemas humanos han sido provocados por otros humanos»

Simon Johnson

Los resultados de la investigación How People Use ChatGPT, llevada a cabo por OpenAI, Duke University y Harvard University, mostraron que el 70 % de las personas mantienen conversaciones de índole personal con ChatGPT, mientras que un 30 % utiliza la tecnología para propósitos o asuntos profesionales. Esto es un claro ejemplo de cómo se ha perdido la comunicación interpersonal en temas personales. Pero, sobre todo, muestra cómo las personas están sustituyendo la ayuda psicológica por un chatbot. ChatGPT tiende a querer agradar a sus usuarios. Es decir, si están mal, no se los dirá; simplemente les dirá lo que quieren leer o escuchar.

Campaña lanzada e Iniciada por Jugando Pelota Dura para frenar la violencia en Puerto Rico.

La familia, desde luego, representa una pieza clave en la vida de cada individuo. Sin embargo, algunos padres están ausentes de la vida de sus hijos, no porque quieran, sino por necesidad: necesidad de trabajar horas extra para poder llegar a fin de mes. Esto produce un distanciamiento y una falta de conexión, confianza y seguridad entre padres e hijos, a la misma vez que se inicia una de las causas de este problema: padres trabajando por sus hijos, pero no presentes en sus vidas.

Esta situación se agrava en un país como Puerto Rico, donde existe una enorme desigualdad y los problemas sociales y económicos son orden del día. Son muchos quienes trabajan más de un empleo para subsistir, y solo llegan a casa a dormir unas pocas horas. Encima enfrentan problemas de acceso de vivienda, alto costo de vida, salarios bajos, índices criminales y limitada accesibilidad a la salud física y mental. Antes de que sucedan más casos de suicidio entre jóvenes, que representan una población más vulnerable ante estos factores, el gobierno debe implementar soluciones para el acceso a la salud en Puerto Rico y garantizar que la educación, más allá de enseñar inglés, matemáticas, historia y ciencia, incluya la salud mental como una necesidad básica para vivir

¿Buscamos un culpable pasa desacernos de la culpa?

Debido a los casos de suicidio de jóvenes vinculados con ChatGPT, OpenAI anunció mejoras y límites, pero eso no será suficiente. El avance existirá cuando se entienda que el factor principal no es la tecnología, sino el propósito o la intención detrás de hacerlo. Es urgente exigir al gobierno que tome acción para mejorar la calidad de vida. También corresponde a algunos padres reforzar su relación con sus hijos y aprender a escuchar, ya que cada conducta tiene una razón de ser.

La salud psicológica jamás será reemplazada por un chatbot; es necesaria tanto la salud mental como la salud física. Es lamentable ver cómo jóvenes, a tan corta edad, se privan de la vida al confiar sus problemas a una IA que no siente ni se responsabiliza. Buscamos un culpable exclusivo, cuando en realidad la culpa es compartida. Es tiempo de asumir la responsabilidad y buscar soluciones.

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Opinión: La sentencia de la violencia anónima

En los últimos meses, una nueva aplicación llamada TeaOnHer se ha convertido en la tercera más descargada en septiembre de 2025, según la revista Complex. Suena inofensiva, casi como un juego digital; pero lo que esconde es un tribunal sin jueces ni leyes: un espacio donde cualquiera puede exponer, acusar y señalar de manera anónima a otra persona. Un “juicio inmoral” que no dicta sentencias con pruebas, sino con rumores, chismes y difamaciones que hieren la vida real.

Para entender el alcance de este fenómeno, hay que mirar su origen. La primera versión de esta idea fue Tea, fundada por Sean Cook, motivado por la experiencia dolorosa de su madre en una cita. La intención era que las mujeres pudieran advertirse entre sí sobre posibles “red flags” en los hombres, como un acto de protección colectiva. TeaOnHer, sin embargo, es otra historia. Creada con el supuesto propósito de ofrecer a los hombres un espacio seguro para hablar de mujeres, terminó convirtiéndose en un escenario donde el anonimato fomenta la violencia digital, la difamación y el acoso.

Lo alarmante es cómo esta aplicación ha penetrado en mi generación. Jóvenes que conozco, que tengo en mis redes sociales, aparecen de repente expuestos con supuestas historias que nadie sabe si son ciertas o falsas. La línea entre la realidad y la mentira se diluye, y con ella la reputación, la salud mental y la dignidad de personas inocentes.

No es la primera vez que vivimos algo parecido. En 2017, con la ola del movimiento #MeToo, circuló en internet una lista anónima donde se publicaban nombres de presuntos acosadores y agresores. Aunque pretendía servir de advertencia, pronto se convirtió en un arma de difamación: se señalaban personas sin pruebas y hubo casos de consecuencias fatales, como personas que no soportaron el peso de la exposición y atentaron en contra de su vida.

El problema de TeaOnHer no es solo tecnológico: es ético y social. La aplicación refleja lo que como sociedad estamos dispuestos a tolerar. Detrás del anonimato se esconde una crueldad creciente: la satisfacción morbosa de exponer, humillar y destruir al otro. La falta de límites, valores y sensibilidad nos convierte en cómplices de una violencia silenciosa que no deja moretones en la piel, pero sí cicatrices profundas en la mente.

La violencia del anonimato es una sentencia que no admite apelación y, es una sentencia que, como jóvenes, nos estamos dictando a nosotros mismos. Si de verdad queremos construir una generación más fuerte y unida, no podemos seguir alimentando plataformas que promueven el morbo y la difamación.

La verdadera valentía no es exponer en secreto, sino denunciar de frente por las vías legales cuando existen casos reales de acoso o agresión. El anonimato no puede ser sinónimo de justicia. De lo contrario, corremos el riesgo de arruinarnos entre nosotros mismos, en lugar de apoyarnos.


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Opinión: La maldad que normalizamos

Por Génesis K Román Jiménez

Pequeño en tamaño pero grande en tragedias, Puerto Rico enfrenta una realidad alarmante: 301 asesinatos registrados en solo ocho meses de 2025, según la División de Estadísticas de la Criminalidad de la Policía. De ellos, 269 víctimas fueron hombres y 32, mujeres. Detrás de cada estadística hay una vida truncada y una advertencia clara: la maldad se está normalizando. 

El caso ocurrido en Naguabo en 2024 lo evidencia con crudeza: un joven de 18 años fue acusado de asesinar y quemar a una pareja de ancianos, mostrándose incluso sonriente durante su detención, sin rastro de remordimiento. La policía describió el acto como de “total menosprecio a la vida de las personas”, expresó el comisionado, Antonio López Figueroa. Este episodio, lejos de ser un hecho aislado, refleja la manifestación extrema de una maldad que muchas veces se gesta en la infancia y se alimenta del abandono emocional y social.

Foto adquirida de la página de Jugando Pelota Dura.

Un ejemplo reciente que sacudió al país fue el caso de Anthonieska Avilés Cabrera, de 17 años. La jueza Paola Morales, del Tribunal de Primera Instancia de Aibonito, determinó que la joven, acusada junto a su madre por el asesinato de Gabriela Nicole Pratts, no es procesable en este momento, siguiendo la recomendación del psiquiatra forense del Estado. El especialista concluyó que la menor presenta deficiencias cognitivas y emocionales que limitan su comprensión de la situación legal. Por ello, fue enviada a un instituto de salud mental para recibir terapias y tratamiento, mientras el juicio contra su madre continúa. Este caso, marcado por la corta edad de la acusada, ejemplifica cómo la fragilidad de la salud mental puede convertirse en un factor que contribuya a la maldad y a la tragedia social.

Foto adquirida de la página de Milly Mendez

El psicoanalista Donald Winnicott explicó en 1950, que la violencia extrema puede surgir de la falta de “holding”, es decir, del sostén emocional durante la infancia. La carencia de cuidado, combinada con narcisismo y baja tolerancia a la frustración, predispone a algunos individuos a desarrollar conductas psicopáticas: crueldad, ausencia de empatía, falta de culpa y actos antisociales. En palabras de Meloy, “la psicopatía existe por una insuficiencia de identificaciones profundas con la primera figura parental y, finalmente, con la sociedad”. En otras palabras, los niños que no reciben amor ni protección difícilmente podrán ejercer compasión o respeto por la vida de los demás.

Incluso, la naturaleza humana parece cargar con esta tendencia: nacemos con la posibilidad de ser malos, aunque la intensidad y la forma en que se exprese dependen de nuestra educación, entorno y experiencias tempranas. No se trata de juzgar, sino de reconocer que la maldad está en nosotros como potencialidad, y que sin educación, valores y estructuras de apoyo, puede expresarse con consecuencias devastadoras.

No podemos conformarnos. “La desigualdad social provoca la violencia”. Así lo afirmó el abogado y comunicador, Jay Fonseca, y es precisamente a través de la educación y la conciencia que podemos combatirla. Sin embargo, preocupa que los propios gobiernos trunquen la educación. El Departamento de Educación enfrenta la posible pérdida de más de 500 millones de dólares en fondos federales tras la cancelación del programa ESSER, una ayuda clave otorgada durante la pandemia. ¿Cómo podremos avanzar en la prevención de la maldad si se descuida un pilar fundamental como la educación?

La violencia doméstica y la ausencia de educación emocional son también terreno fértil para la maldad. Cada adulto, cada institución y cada comunidad tiene la responsabilidad de enseñar valores, cultivar empatía y no normalizar la crueldad. La maldad no desaparecerá, pero podemos limitar su alcance sembrando respeto, cuidado y amor en las nuevas generaciones.

Puerto Rico tiene la oportunidad de hacer algo más aparte de lamentar las cifras, podemos y debemos actuar. Educar, acompañar y sostener es la verdadera defensa contra la violencia y la crueldad. Como sociedad, permitir que la maldad se normalice es el verdadero peligro; combatirla es nuestro deber.

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¿Qué futuro deportivo estamos construyendo?

Cuando se habla del deporte en Puerto Rico, solemos recordar los grandes triunfos de nuestros atletas que han puesto la isla en el mapa internacional. Adriana Díaz, con su raqueta de tenis de mesa, J.J. Barea, con su Campeonato mundial de la NBA y Mónica Puig, con su medalla olímpica en tenis, han demostrado que los sueños de grandeza son posibles, incluso viniendo de un país pequeño y con recursos limitados. Sin embargo, detrás de estas historias inspiradoras se esconde una realidad preocupante: la infraestructura deportiva de Puerto Rico, en especial los gimnasios, que están en un estado alarmante de incumplimiento y descuido.

Héctor Vázquez Muñiz, secretario del DRD (Departamento de Recreación y Deportes)

El Departamento de Recreación y Deportes (DRD) confirmó que más del 90% de los gimnasios en la isla incumplen con requisitos de ley. Esta cifra indica que prácticamente la mayoría de los espacios donde los jóvenes y adultos deberían entrenar carecen de lo básico para operar legalmente. Entre las deficiencias más comunes se encuentran la falta de endoso del DRD y la contratación de entrenadores personales sin licencia emitida por el Instituto Puertorriqueño para el Desarrollo del Deporte y la Recreación. Dicho en palabras sencillas, estamos dejando en manos inexpertas o no certificadas la preparación física de nuestros ciudadanos.

El problema no se limita a los trámites burocráticos. También se señaló que muchos gimnasios no mantienen condiciones adecuadas de limpieza ni de mantenimiento. Esto no es un simple detalle estético; hablamos de lugares donde la salud debe estar en el centro, pero que se convierten en focos de riesgo por equipos dañados, higiene deficiente y espacios inseguros. Si lo pensamos con seriedad, ¿cómo podemos aspirar a formar a los atletas del mañana cuando ni siquiera garantizamos un ambiente digno para su desarrollo físico?

El contraste resulta chocante. Mientras celebramos a figuras como Adriana Díaz, J.J. Barea y Mónica Puig, quienes a base de esfuerzo y disciplina han alcanzado la gloria deportiva, la infraestructura local parece dar la espalda a la próxima generación. Estos atletas son ejemplos admirables, pero también excepciones que lograron brillar pese a las limitaciones del sistema. La pregunta incómoda es: ¿cuántos talentos hemos perdido por no tener las instalaciones adecuadas, por no contar con entrenadores preparados o por exponer a nuestros jóvenes a espacios en condiciones deplorables?

Un gimnasio no es solamente un lugar para levantar pesas o correr en una caminadora. Es un espacio de formación, disciplina y crecimiento personal. Allí se siembran los valores del esfuerzo, determinación y el trabajo en equipo. Por eso resulta tan grave que, en Puerto Rico, la mayoría de estos lugares no cumplan con lo que la ley exige. No hablamos de un capricho legalista, las regulaciones existen para proteger a los usuarios, garantizar que los entrenadores estén preparados y que los espacios sean seguros.

Además, este incumplimiento no puede verse solo como responsabilidad de los dueños de gimnasios. El DRD tiene la obligación de fiscalizar y velar porque la ley se cumpla, pero ¿qué pasa después de publicar un informe tan alarmante? De nada sirve señalar la magnitud del problema si no se toman medidas firmes y consistentes para corregirlo. Apoyar a los atletas no es solo celebrarlos cuando ganan medallas; es construir las condiciones para que el deporte florezca desde sus inicios.

El tema va más allá del alto rendimiento. Los gimnasios cumplen un rol fundamental en la salud pública. En un país donde los niveles de obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares son preocupantes, contar con instalaciones seguras y entrenadores capacitados es una inversión directa en la calidad de vida de la ciudadanía. Cuando se descuida este sector, no solo se limita la formación de atletas de élite, también se perjudica el bienestar general de la población.

La ironía es evidente, Puerto Rico produce atletas de clase mundial que inspiran a miles de jóvenes, pero al mismo tiempo carece de una infraestructura deportiva sólida que respalde esa inspiración. Los logros de nuestros atletas reconocidos mundialmente son motivo de orgullo, pero no deberían usarse como ejemplos aislados de éxito contra todo pronóstico. Estos más bien deberían servir como recordatorio de lo que se puede lograr cuando existe talento, disciplina y apoyo, y como un llamado a crear las condiciones para que muchos más puedan seguir sus pasos.

En conclusión, la situación de los gimnasios en Puerto Rico es un reflejo de un problema más grande: la falta de planificación y de compromiso con el desarrollo deportivo. No basta con aplaudir los triunfos individuales; necesitamos una política seria que garantice instalaciones adecuadas, entrenadores certificados y programas de formación que lleguen a todos los rincones de la isla. Solo así podremos transformar el deporte en un verdadero motor de cambio social, salud y orgullo nacional. De lo contrario, seguiremos celebrando las excepciones mientras ignoramos a la mayoría que nunca tuvo la oportunidad de entrenar en condiciones dignas.

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¿Qué significa ser estudiante de la UPR?

Texto: Karina Ramos Vera

Video: Amy N. Valle Guevara

Fotos: Edelmarie T. Salamanca Cortés

En una esquina del campus, una estudiante aprovecha el descanso entre clases para dormir unos minutos. Viaja a diario desde su casa porque los hospedajes universitarias son escasos y costosos. “Venir aquí es retante, es sacrificado”, dijo Dominique Irizarri, estudiante de la Facultad de Ciencias Sociales, mientras enumera sus luchas con la transportación, la falta de hospedaje y una beca federal aún en revisión.

La mirada institucional
Desde la administración, la perspectiva es distinta, aunque no ajena a las carencias. La Dra. Julia Vélez González, decana de la Facultad de Comunicación e Información, reconoce que el recinto más antiguo de la UPR, con más de un siglo de historia, arrastra cicatrices profundas. “Nosotros no tenemos edificio. María nos lo llevó completo”, explica, haciendo referencia a los daños del huracán María.

Aun así, asegura que se trabaja en proyectos de reconstrucción como el plan FEMA y nuevas residencias, incluyendo el proyecto ResiCampus, que promete aliviar la crisis de alojamiento en los próximos años. La decana de la facultad de Comunicacion e informacion defiende con firmeza la esencia académica de la institución

“Aquí está lo mejor: nuestros estudiantes y profesores. La muestra está en los egresados que salen al mundo con orgullo de decir que son de la UPR”. También destaca las oportunidades de intercambios internacionales y la apertura de programas de maestría a distancia, que buscan conectar al recinto con el mundo.

Voces de los estudiantes

Los estudiantes, por su parte, describen su cotidianidad con una mezcla de orgullo y frustración. Gabriela Muñoz, estudiante de segundo año, llega al recinto en tren y valora tanto la cercanía con sus amistades como el apoyo de sus profesores, aunque reconoce que falta mayor organización entre las facultades. Francisco Román, egresado y ahora consejero informal de sus compañeros, comenta que los procesos de matrícula y de becas como FAFSA pueden resultar complejos y desalentadores, pero también enseñan a “buscar la vuelta” en el sistema.

Pese a retrasos y dificultades administrativas —incluso comenzar un semestre sin luz eléctrica—, ambos coinciden en que la UPR sigue siendo un espacio inclusivo, donde no se discrimina por origen, sexualidad o trasfondo social. “El sistema a veces está hecho para que te quites, pero aquí siempre hay alguien dispuesto a ayudarte”, destaca Muñoz, resaltando la resiliencia como parte fundamental de la experiencia universitaria.

La estudiante Lismar Nuñez Colón viaja a la UIPI en bicicleta.

Orgullo y cultura

Cada semestre, distintos artesanos puertorriqueños tienen la oportunidad de exhibir sus piezas dentro del recinto, un espacio donde convergen arte, cultura e identidad. Entre ellos se encuentra Víctor, artesano orfebre y egresado de la UPR, quien compartió que volver al campus lo llena de orgullo y lo conecta con su propia historia universitaria.

“Hoy me toca admirar a los estudiantes que, con su esfuerzo diario, levantan al país”, expresó, recordando que la universidad no solo forma profesionales, sino ciudadanos comprometidos con Puerto Rico.

La paradoja de la UPR

El contraste entre aulas con hongos, aires acondicionados dañados y largas esperas en oficinas administrativas, y el discurso institucional que resalta logros académicos, refleja la paradoja de la UPR en Río Piedras: un centro de excelencia en medio de limitaciones estructurales y recortes presupuestarios que han marcado a toda una generación universitaria.

Aun así, alumnos y administradores coinciden en algo: el valor simbólico de la institución. Ser parte de la UPR, con sus murales que narran luchas estudiantiles y sus pasillos desgastados, sigue siendo motivo de orgullo. Pero ese orgullo convive con una pregunta: ¿podrá el recinto sostener la promesa de futuro para los jóvenes de Puerto Rico sin exigir tanto sacrificio en el presente?

Una de las tantas expresiones que podrás leer y observar en las paredes de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras.
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Eliezer Budasoff transforma historias a través del podcast

Escrito por: Kiara Román Maldonado

Fotos: Shawn M. Pérez

Video: Angeliz Rivera

SAN JUAN —“Aristóteles nos metió en la cabeza que somos el animal que habla. Yo digo que somos el animal que escucha.” Con esta frase el periodista argentino Eliezer Budasoff inauguró el pasado 27 de agosto, la Segunda Jornada de Comunicación e Información Ángel Ramos en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPR-RP), con su conferencia magistral “El animal que escucha: la nueva vieja tecnología del podcast”. Budasoff, quien colabora en el reconocido podcast Radio Ambulante, es una voz destacada en la narración de historias en audio.

Sede del evento: Anfiteatro I, Facultad de Estudios Generales, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras

La actividad forma parte del evento “Del sonido a la historia: la revolución del pódcast”, que se celebra del 27 al 29 de agosto bajo el auspicio de la Facultad de Comunicación e Información (FaCI) y la Fundación Ángel Ramos.

Durante su intervención, Budasoff explicó que el pódcast conecta con la tradición ancestral de la oralidad y, al mismo tiempo, rompe barreras geográficas: “El audio te lleva directamente al sitio.” Agregó que este formato permite universalizar historias, promover empatía, derribar prejuicios y generar cambios en la opinión pública.

Eliezer Budasoff comparte reflexiones en el Anfiteatro I de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras

El periodista destacó que narrar historias no se trata de señalar problemas, sino de iluminar realidades: “Tú no vas a los rincones más oscuros del mundo para decir ‘esto está oscuro’; tú vas a arrojar algo de luz, tú vas a iluminarla.”

Adentro del anfiteatro 1: Estudiantes hacen fila para dirigirle preguntas a Eliezer Budasoff

La conferencia inició una serie de actividades como parte de la agenda de la jornada, que incluyen un conversatorio con las periodistas Ana Teresa Toro y Tatiana Pérez, así como un taller de escritura para podcast dirigido a estudiantes, ambos a cargo de Budasoff. Estas jornadas reafirman el compromiso de la UPRRP con la innovación en narrativas sonoras y la formación de comunicadores preparados para los retos del siglo XXI.

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2da Jornada de Comunicación e Información celebra el legado de Ángel Ramos

Esta edición de la Jornada busca ampliar su impacto más allá del Recinto de Río Piedras, incluyendo a otros campuses de la UPR, como Arecibo y Humacao.

Texto: Camila A. Albelo Pérez, Fotos: Génesis K. Román Jiménez y Video: Janina M. Méndez Martínez

La Jornada de la Facultad de Comunicación e Información se consolida como un esfuerzo que une recintos, fortalece la educación pública y celebra el poder colectivo del sistema UPR.

Durante tres días, la Facultad de Comunicación e Información (FACI) de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, se transformó en el epicentro del análisis sobre el periodismo en el marco de la Segunda Jornada de Comunicación e Información: Cátedra en Periodismo Ángel Ramos. La jornada, titulada “Del Sonido a la Historia: La Revolución del Podcast”, reunió a expertos, académicos y estudiantes para explorar el impacto del pódcast como una herramienta narrativa y educativa en el mundo moderno.

La Segunda Jornada de Comunicación e Información tiene sus orígenes en un legado de la Fundación Ángel Ramos. Tras el fallecimiento, la fundación donó una suma significativa a la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, con el propósito de establecer una actividad magna vinculada a una cátedra de periodismo. Sin embargo, por diversas razones, la cátedra no se concretó hasta el año pasado. Esta iniciativa busca fortalecer la formación académica y profesional en el campo de la comunicación y el periodismo.

“Este año, con el respaldo de la Fundación Ángel Ramos, hemos podido realizar la segunda edición de la jornada, que este año se amplió para cubrir, tanto la Comunicación, como las Ciencias de la Información. La jornada ya no es solo una conferencia, sino un evento que se extiende por varios días.” explicó la Decana de la Facultad de Comunicación e Información, Dra. Julia Y. Vélez González.

Julia Y. Vélez González
Dra. Julia Y. Vélez González, Decana de la Facultad de Comunicación e Información en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras

El encuentro al aire libre “Cine Calle” en la Plazoleta de las Artes, inauguró el marco de la jornada. Durante esta iniciativa los invitados disfrutaron de documentales realizados por jóvenes estudiantes del campamento “Verano de Película en la IUPI” impartido por la facultad. Además de una selección de trabajos realizados por los estudiantes gallitos y jerezanas de la concentración en Comunicación Audiovisual.

Cine Calle | Foto suministrada: Facebook de la Facultad de Comunicación e Información

La selección de los conferenciantes fue otro aspecto clave de la jornada. Un comité conformado por profesores de diversas universidades del sistema UPR (Río Piedras, Arecibo y Humacao) se encargó de llevar a cabo un sondeo sobre los intereses y temas innovadores que podrían atraer tanto a estudiantes como a profesionales del área. Entre los invitados se destacó Eliezer Budasoff, periodista argentino, acompañado por un grupo de periodistas puertorriqueños de renombre, como Ana Teresa Toro, Tatiana Pérez, Laura N. Pérez, Rosalina Marrero y Luis Valentín.

Eliezer Budasoff, editor de proyectos especiales de EL PAÍS en América y México. Ex-Director Editorial de The New York Times en Español y de las revistas Etiqueta Negra y Etiqueta Verde

Con el objetivo de ofrecer a los estudiantes temas relevantes y actuales que los preparen para los desafíos del periodismo, la Jornada se centró en presentar propuestas innovadoras que los motiven a explorar nuevas formas de contar historias. Uno de los principales propósitos de la jornada es influir en el futuro del periodismo en Puerto Rico.

«Esperamos dos impactos importantes. Primero, atraer a estudiantes de escuela superior y motivarlos a estudiar en la UPR. Y segundo, asegurarnos de que nuestros estudiantes y la comunidad universitaria estén al día con los rápidos cambios que enfrenta el campo de las comunicaciones»

Decana de la Facultad de Comunicación e Información

Además, el evento tiene la intención de fortalecer los lazos entre los diferentes recintos de la UPR, creando una red de colaboración entre estudiantes y docentes del sistema público universitario.

Estudiantes, académicos y periodistas veteranos se dieron cita en la Universidad de Puerto Rico para participar en la Segunda Jornada de Comunicación e Información. Organizado bajo la Cátedra en Periodismo Ángel Ramos.

La jornada se proyecta como un espacio para el crecimiento y la consolidación de la comunidad académica del país. “Nuestro objetivo es fortalecer los lazos entre los departamentos de Comunicación de las distintas universidades del sistema UPR. Queremos que estas relaciones continúen creciendo, entrelazando a estudiantes y académicos, y consolidando el sistema universitario público de Puerto Rico,” concluyó Vélez González.

Con el respaldo de la Fundación Ángel Ramos, la Jornada destacó el legado y compromiso de Ángel Ramos para impulsar la formación de periodistas preparados y comprometidos con su profesión. Gracias a esta iniciativa, la FACI ofrece tanto a los estudiantes de la UPR como a futuros estudiantes de la Comunicación, herramientas educativas necesarias para enfrentar con éxito los retos actuales y futuros del periodismo en un entorno dinámico y en constante evolución. Así, el legado de Ángel Ramos sigue vivo, fortaleciendo la formación de profesionales de comunicación en Puerto Rico.