Crónica: Ser homosexual no es pecado

Publicado el Por Miryel Orama
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El homosexualismo describe la actividad sexual en su máxima expresión, lo que constituye un pecado grave para el culto católico. (Foto suministrada).

Por: Miryel Orama Aviles (miryel.orama@upr.edu

Mucho se ha dicho sobre las relaciones entre el mismo sexo. Sin embargo, poco se comenta sobre la diferencia entre homosexualidad y homosexualismo. Estas dos clasificaciones tienen una connotación importante en cuanto a la religión se refiere. Pero, ¿qué es realmente lo que diferencia a la homosexualidad del homosexualismo?

Según las creencias católicas expresadas por la Congregación de la Fe en la Declaración del 75 del año 1986, la homosexualidad implica una atracción hacia personas del mismo género. Lo curioso es que este acto en sí no es considerado por la Iglesia Católica como un pecado, sin embargo, conduce a acciones que sí lo son. Por otra parte, el homosexualismo describe la actividad sexual en su máxima expresión, lo que sí constituye un pecado grave para el culto católico.

Para responder a estas y otras incógnitas, entrevistamos a un joven católico, quien por razones de confidencialidad decidió llamarse José.

Trasfondo

Vengo de una familia católica a quien, aunque sea triste mencionarlo, le resulta difícil aceptar las diversas preferencias sexuales. Fui criado para asistir a la Iglesia todos los domingos, cantarle al Señor, servirle al sacerdote y hasta representar a Jesucristo en épocas de Semana Santa y Navidad. Mi padre es monaguillo y mi madre, catequista- lo que complicaba el hecho de contarles mi verdad.

Cuando tenía 11 años y compartía con mis amigos de una manera corriente, un día uno de ellos me pidió probar lo que era besar a un hombre. Me gustó. Y desde ese día todo cambió. Yo pensaba que lo que hacía estaba mal, pero me gustaba. Continué haciéndolo a escondidas porque sabía que no era común ni bien visto.

Hablé con mi madre -no para contarle lo que hacía- sino para decirle que mi amigo tenía inclinaciones homosexuales. Su respuesta fue muy negativa. Me prohibió acercarme a él como si fuera una enfermedad mortal. No entendí su actitud, así que seguí viéndolo a escondidas.

Ateísmo y homosexualismo

Datos recogidos en la Encuesta Nacional de Cultura Política y Prácticas Ciudadanas de México reflejan que un 62% de las personas ateas dicen que aceptarían que un homosexual viviera en su hogar, mientras que un 56% de creyentes admitió que no aceptaría esta situación.

De acuerdo a este estudio, si se considera la confesión religiosa, también surgen diferencias en la aceptación de un hijo homosexual. Los cristianos, por una parte, son los que menos aceptación reconocen. Las personas sin religión, por otra, son las que reportan mayor aceptación.

Activistas homosexuales participan en una manifestación en Rusia. (Foto Suministrada)

Un impulso espinoso

Continué asistiendo a la Iglesia, le servía al Padre como de costumbre y lo disfrutaba. Pero cuando escuchaba los prejuicios que existían sobre la homosexualidad, me dolían. Quería defender esa preferencia y hacerles entender que era normal. Porque así me sentía, muy normal. Pero mis padres miraban con repulsión tan pronto se hablaba de relaciones entre el mismo sexo. Escuchaba hablar sobre el perdón y la salvación y no entendía cómo tenía que pedir perdón por mi homosexualidad.

Le temo al infierno, ansío llegar al cielo, pero no puedo siquiera concebir cuando llegue el juicio final. No sé si pueda pedir perdón por algo que no está en mí. No lo elegí, es mi naturaleza. Muchos dirán que sí decidimos nuestros gustos, pero no puedes disponer de quién te enamoras.

La Iglesia, guiada por la enseñanza de Cristo, hace una tercera distinción: la de condenar el pecado, pero tratar con misericordia al pecador. También su culpabilidad debe ser juzgada con prudencia. Es aquí donde se muestra que la religión no debe acusar ni alejar a ningún homosexual del templo. Sin embargo, a estas relaciones entre el mismo sexo se les describe en todo momento como una anomalía en la sociedad. Coherente con esta actitud de condenación de la actividad homosexual, pero de amor y comprensión hacia las personas homosexuales, la enseñanza de la Iglesia también condena todo tipo de violencia o agresión hacia estas personas.

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La Iglesia no juzga

Era interesante como al llegar a la Iglesia me sentía cómodo, pues no suelen tocarse temas sobre homosexualidad en misa. Un día, cansado de callar mi temor a la condena, decidí hacer mi secreto de confesión. Sentía que mi mayor pecado no era ser homosexual, sino haberlo callado por tanto tiempo. Al momento de confesarme el Padre me preguntó:

“¿Cómo te atreves a visitar la casa del Señor?, ¿sabes que es pecado lo que estás haciendo?”

Yo sólo me cuestionaba cómo había sido capaz de hacer tal pregunta.

Entonces entendí: la Iglesia no juzga, la Biblia no señala, el catolicismo no discrimina, (pero) los humanos sí. Y el sacerdote es humano.

Esa fue la declaración más fuerte que hizo José sobre la religión y la homosexualidad. La Iglesia no es el problema, sino las mentes prejuiciadas que buscan estereotipar a la sociedad y amoldarla a su gusto.

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No más servicio

Desde ese día el sacerdote me veía de mala gana. No contaba mi secreto porque había sido bajo confesión, pero comentaba en misa sobre el hecho sin mencionar nombres. ¡Eso ni siquiera es ético! Y no sé si exista una ética en la Iglesia, pero al menos puedo decir que no es moral. Sentía como si todos supieran que de quién el padre hablaba era de mí, excepto mi familia. Ellos no habían cambiado así que no sospechaban nada. Me sentía incómodo, así que le pedí a mis padres no servir más en la Iglesia. A ellos les estuvo extraño, y claramente se molestaron, pero no se opusieron a mi petición.

Hace ya seis años no ofrezco servicio en la Iglesia y mis padres han cambiado mucho. Les conté sobre mis preferencias a mis 17 años -todo fue complicado al principio- de hecho, tuve que irme del país por un tiempo porque no lo aceptaban. Pasé dos años alejado, cualquiera en mi lugar se sentiría exiliado, pero al regresar encontré unos padres renovados. Eso a lo que yo le llamaba expulsión tenía una razón de ser. Mis padres dispusieron de ese tiempo no para que yo cambiara, sino para ellos encontrar aceptación, y lo lograron.

«Esa condición de homosexual no es la que marca el pecado. Ser homosexuales no es ni bueno ni malo, ni enfermo ni sano», expresó el Monseñor Juan Vicente Córdova para el periódico «El Espectador.

«No nos oponemos a que hombres o mujeres homosexuales vivan juntos y que se amen, pero en la Iglesia a eso no lo llamamos ni matrimonio ni familia (…) El matrimonio es un encargo de amor para generar vida, así lo dispuso Dios desde el principio y eso solo se puede entre hombre y mujer», agregó.

Esta sería la mayor muestra de que la religión realmente no objeta en contra de esta condición, sino que las personas son quienes se encargan de emitir ese juicio, como lo hizo el sacerdote con José.

«Las personas homosexuales, como seres humanos, tienen los mismos derechos de toda persona, incluyendo el no ser tratados de una manera que ofenda su dignidad personal; toda persona tiene el derecho al trabajo y a la vivienda. Pero estos derechos no son absolutos; pueden ser limitados legítimamente ante desórdenes externos de conducta», puntualizó el Monseñor.

Miryel Orama
Author: Miryel Orama

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