Setenta y dos horas habían pasado desde que aterricé por primera vez en suelo europeo. Eran las 3:35 de la tarde y aquel fresco de 60 grados que arropaba la ciudad de Málaga en la mañana había desaparecido. Solo comenzaba a azotar el calor de aquel resplandeciente sol que acompañaba a las nubes en un […]
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Cuestionable devoción
