Damaris Chico: una vida dedicada a preservar la historia de la comunidad camuyana

La preservación de la memoria histórica, el feminismo y la defensa del medioambiente son tres de los nortes de Damaris Chico, una activista, quien ha convertido el trabajo cultural y comunitario en parte esencial de su vida.

Nacida y criada en el Barrio Pueblo de Camuy, su acercamiento al trabajo cultural comenzó a mediados de la década de 1980, cuando su madre, le presentó los programas de las fiestas patronales que manejaba un grupo cultural al que luego se integraría. Aquella experiencia marcó el comienzo de una trayectoria que continúa hasta el presente. Fue gracias al Círculo Histórico Cultural de Camuy, que se fundó el actual Museo de Arte y Cultura Alberto Ávila López.

Su pasión por la historia, la llevó a estudiar Sociología en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Desde 1986, Chico ha formado parte del desarrollo de este museo, que surgió ante la necesidad de ofrecer actividades artísticas y educativas que no se ofrecían en su Municipio.

Durante sus primeros años, la organización impulsó conciertos, presentaciones de libros, conferencias y talleres dirigidos a diferentes grupos de la población. Según explicó, gran parte de los recursos y materiales que conforman el espacio han sido donados por los propios camuyanos y camuyanas, quienes reconocieron la importancia de preservar su patrimonio cultural.

«Todo ha sido donado por los mismos camuyanos y camuyanas que entendieron que había una necesidad», expresó.

A través de los años, el proyecto ha atravesado distintas etapas hasta establecerse en su actual estructura, adquirida en el 2007. Sin embargo, su crecimiento no se limitó a la conservación del patrimonio histórico. También abrió espacio para contar historias que, durante mucho tiempo, habían recibido poca atención.

El Museo está ubicado frente a la plaza pública en el centro del pueblo de Camuy.

Las mujeres también forman una parte esencial de la historia

Uno de los proyectos más significativos para Chico fue la creación de la Sala Mujeres para la Historia, iniciativa que surgió durante la década de 1990, cuando la Junta de Directores identificó la necesidad de reconocer la participación femenina en el desarrollo de Camuy. La sala reúne retratos y biografías de mujeres que sobresalieron en diferentes ámbitos, entre ellos el comercio, la educación, las artes y el liderazgo comunitario. Algunas de las figuras femeninas reseñadas son comerciantes de la década de 1950, maestras, artistas y una camuyana que formó parte de la primera academia de la Policía de Puerto Rico.

«La gente tiene que conocer que en la historia de Camuy también participaron las mujeres», sostuvo Chico al explicar la importancia de este espacio.

Su interés por recuperar estas historias continúa vigente. Entre las iniciativas que proyecta desarrollar se encuentra una jornada dedicada a Margot Valle, trabajadora social y líder comunitaria y política cuya vida terminó trágicamente a raíz de un episodio de violencia doméstica ocurrido en 1977. Valle fue recordada no solamente por su trabajo social, sino también por su solidaridad con personas que enfrentan el rechazo de sus propias familias. Chico relató que su casa era un espacio de acogida para integrantes de la comunidad LGBTIQ+ que eran expulsados de sus hogares por su orientación sexual o identidad.

Amalia «Maggie» Arroyo Quijano fue una destacada escritora y defensora de la historia de Camuy que forma parte de la sala de mujeres.

Aunque su trayectoria está estrechamente relacionada con la historia y las artes, Chico entiende que el trabajo cultural también puede convertirse en una herramienta para atender situaciones sociales. Durante su participación en la organización, impulsó iniciativas dirigidas a comunidades vulnerables y empobrecidas. Mediante talleres de elaboración de joyería en barro y pintura de camisetas, se buscaba que los participantes adquirieran destrezas que, además de permitirles disfrutar del arte, pudieran representar una oportunidad para generar ingresos adicionales.

Posteriormente, el proyecto también incorporó el arte como una herramienta terapéutica para personas que enfrentan situaciones de depresión y ansiedad, así como actividades dirigidas a niños y niñas. Esta visión amplió el alcance del espacio cultural, que comenzó a recibir personas que no necesariamente llegaban en busca de una actividad artística, sino de orientación y ayuda ante distintas necesidades.

«Yo disfruto mucho la oportunidad que tengo de servir a la gente», expresó. Aunque durante una etapa recibió remuneración por sus funciones, explicó que lleva aproximadamente cuatro o cinco años colaborando de manera voluntaria. Después de tantos años vinculada al lugar, reconoce que lo considera parte de su hogar.

Damaris señala la bandera de Camuy como un orgullo patrio de la historia de su pueblo.

El compromiso de Chico no se limita a las paredes del espacio cultural. Su participación comunitaria también la ha llevado a involucrarse en situaciones que afectan directamente la calidad de vida de los residentes de Camuy. Uno de los casos que más le marcó fue con una comunidad del sector Calle Abajo, donde varias familias enfrentan desde hace aproximadamente diez años problemas con el desbordamiento de aguas sanitarias. La situación provoca que las aguas residuales y los desperdicios lleguen hasta las calles, afectando a quienes viven en el sector.

Al conocer a varias residentes del área, Chico decidió involucrarse para buscar información y alternativas que permitieran atender el problema. Su preocupación responde a una realidad que, según describió, muchas veces queda desatendida. Su interés por la protección del ambiente también la llevó a participar en esfuerzos para defender los humedales y las dunas costeras.

Para Chico, la conservación ambiental también forma parte de la cultura, porque representa el legado que las generaciones actuales dejan a las futuras. Los manglares y humedales, explicó, funcionan como barreras naturales de protección para las zonas costeras. Por eso, considera necesario proteger estos espacios y reconocer su importancia ecológica.

Después de cuatro décadas vinculada al trabajo cultural y comunitario, Damaris Chico continúa encontrando motivación en la posibilidad de contribuir al bienestar de otras personas. Su trayectoria refleja una manera de entender la cultura que trasciende los espacios de exhibición. Se trata de reconocer a quienes fueron invisibilizados, ofrecer oportunidades a las comunidades vulnerables, defender los recursos naturales y mantener viva la memoria colectiva de un pueblo.

Para ella, preservar la historia no significa únicamente mirar hacia el pasado. También implica reconocer los problemas del presente y trabajar para construir un futuro en el que las comunidades tengan voz. En Camuy, su legado continúa construyéndose a través de las historias que rescata y de las causas que decide defender.

Camila Molina
Author: Camila Molina GarcíaEstudiante de Periodismo y Producción de Noticias de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo. Curso mi sexto año y me interesan las noticias de salud, interés social y entretenimiento. Estoy abierta al aprendizaje y la experiencia en los medios de comunicación.

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