Crónica de una jóven varada en un tapón

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(Foto suministrada)
 A una  semana de las elecciones el pueblo de Puerto Rico dio señales contundentes de cambio. Los resultados de las elecciones tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico este pasado 8 de noviembre, fueron motivo de sorpresa. Los candidatos independientes a la gobernación Alexandra Lúgaro y Manuel Cidre obtuvieron el 16.83% de los votos, sumando un total de 260,485. Debido a esta cifra masiva de votantes que le dijeron NO al voto íntegro- tradición bipartidista en la Isla- los candidatos por el PPD (Partido Popular Democrático) acusaron a estos candidatos por no haber salido victoriosos en estas elecciones.

Por otra parte, una de las sorpresas que nos llevamos todos fue la victoria de Jose Vargas Vidot, candidato independiente por el Senado, quien obtuvo un total de 154,973 votos, imponiéndose ante candidatos veteranos como Thomas Rivera Schatz y Larry Seilhamer.

El pueblo de Puerto Rico quiso llevar un mensaje de cambio y claramente lo sentimos en estas elecciones, sobre todo a través de las candidaturas independientes, quienes han dado cátedra sobre cómo romper con la tradición bipartista que ha reinado en la política puertorriqueña desde hace más de 60 años.

Con motivo de esto, contaré una anécdota que llamaré Crónica de una jóven varada en un tapón.

Me encontraba en Hatillo, PR, Bo. Corcovado para ser más exacta. Eran aproximadamente las cuatro de la tarde cuando me topé con este “revolú” como diríamos en el buen castellano puertorriqueño. Se escuchaban sirenas por doquier, podías ver el humo de los carros que estaban haciendo “burn-out” porque aquella muchacheria de la esquina le decía “que le pusiera más” y por último y no menos importante, veías un sinnúmero de personas cargando banderas de color rojo y blanco, hondeándolas de lado a lado. Algunas decian “B” y otras, “Chely 2016″.

Este tipo de espectáculo es el que presenciamos cada cuatro años en las carreteras y rincones de Puerto Rico, porque hasta el que menos esperas, te sorprenderá. Se podía observar cómo varios candidatos y un par de guaguas “tumba cocos” con el rayado «jingle» utilizado para cada campaña política de “esa pela va” podía causar tanta alegría y euforia entre las personas que allí se encontraban.

Por otra parte, es increíble ver cómo desde pequeños los padres manipulan a sus hijos en asuntos relacionados a preferencias políticas y les dan una bandera para que la carguen mientras se asoman por el cristal del carro ajenos a todo. Solo por curiosidad y por dejar que el tráfico pasara, detuve mi auto, me estacioné en una esquina donde habían como diez personas, todas felices porque vieron pasar a su alcalde y recuerdo haber escuchado a Rosa una mujer de unos cuarenta y tantos años decirle a su amiga:

-“Yo no puedo votar por otro partido que no sea el rojo; ¡eso no fue lo que me enseñaron en mi casa!”

Completamente anonadada, decidí intercambiar una sonrisa con la mujer por eso de no entrar en debate y luego le pregunté respetuosamente: “Oiga Rosa y usted, ¿sabe mucho de política?».

Acto seguido me responde: “Muchacha casi na’ pero es que el del otro partido no puede ganar porque ese no es de los míos”.  Me quedé aún más sorprendida ante las razones que tenía aquella mujer para justificar su fanatismo y su apoyo no-fundamentado en el candidato el partido de su predilección.  No me quedó mas remedio que echarme a reír.

En Puerto Rico no se podrá progresar mientras el boricua esté pendiente a las caravanas que organiza el alcalde para irse con sus “Jeeps” y una sirena que te deja sordo a la vez que altera la paz a los demás. Mientras se siga detrás de un político porque te va a dar un “trabajito” en la alcaldía o porque tu familia «así vote», no adelantaremos en absoluto. En Puerto Rico se progresará el día en que los puertorriqueños abran sus ojos y se cansen de ser sometidos y de seguir votando por las mismas personas una y otra vez. Yo creo en mi generación y creo en un Puerto Rico mejor.

Cuando la política deje de ser el deporte numero uno del boricua las guerras por colores desaparecerán, o al menos, eso es lo que la nuestra generación anhela y no se cansará de esperar.

Author: Ariadna Albino

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