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«Entre el mar y el olvido»

En el Barrio Islote de Arecibo, específicamente en el sector Jarealito, un pescador de 80 años enfrenta los retos de un oficio cada vez más difícil de sobrellevar en Puerto Rico.

El bote se mece suavemente mientras el sol apenas comienza a asomarse en el Barrio Islote, Sector Jarealito. El sonido del agua golpeando la orilla rompe el silencio de la mañana. Pedro Villafañe, conocido como Peyongo, a sus 80 años, refleja en su cuerpo el paso del tiempo, mientras sus manos firmes evidencian décadas de trabajo en el mar. De piel curtida por el sol, rostro marcado por arrugas y una mirada serena suele llevar una gorra gastada y ropa ligera, proyecta la experiencia acumulada a lo largo de su vida.

Cursó sus estudios en la Escuela Angélica Gómez Betancourt del mismo Barrio, pero dejó la educación formal en segundo grado porque le gustaba la pesca y prefería pasar su tiempo en el mar. Desde entonces su infancia estuvo marcada por el trabajo. Fue su padre quien le enseñó todo lo necesario sobre la pesca, transmitiéndole conocimientos que, con el tiempo, se convertirían en su forma de vida y de ingreso. “Esto es lo que yo sé hacer”, expresa con seguridad, dejando claro que el mar no solo le ha servido de sustento, sino que también ha definido su identidad.

Nunca se casó y no tuvo hijos, por lo que ha dedicado su vida completamente a su oficio y a su comunidad. Su rutina comienza antes de amanecer: prepara su bote, organiza el equipo y se adentra en el mar, repitiendo este proceso durante más de setenta años. En la actualidad esa labor implica un gran sacrificio económico ya que invierte alrededor de 500 dólares semanales en gasolina y materiales, sin garantía de obtener ganancias.

Botes, silencio y una tradición que aún resiste y persiste en el Barrio Islote-
Foto por Loryann Caraballo

“El gobierno nos ha abandonado”, dice con firmeza. Según explica, la pesca en Puerto Rico se ha vuelto cada vez más complicada debido a las regulaciones, el aumento en los costos y la falta de respaldo institucional han complicado una labor que anteriormente permitía mayor estabilidad. A esto se suman otros factores como la contaminación, el deterioro ambiental y los cambios sociales que han provocado que menos personas continúen con esta tradición.

Pequeño paseo en el bote donde pesca Peyongo. Foto por Loryann Caraballo

Compromiso con su comunidad

A pesar de las dificultades, su compromiso con la comunidad ha sido constante. Recuerda con orgullo cómo contribuyó a evitar que su comunidad se inundara, específicamente en un área conocida como “El Hoyo”, en el sector Jarealito. Este tipo de acciones reflejan su sentido de responsabilidad más allá de su trabajo diario.

Riesgo de una vida en el mar

Entre las experiencias más impactantes que ha vivido, relata una ocasión en la que, tras quedarse dormido en su bote, despertó lejos de la costa. Al notar la situación, no entró en pánico; por el contrario, actuó con rapidez y logró regresar de manera segura. Este episodio evidencia tanto los riesgos de su oficio como la capacidad que ha desarrollado para enfrentar situaciones difíciles.

Solidaridad entre pescadores

Ante la falta de apoyo oficial, los pescadores han desarrollado estrategias de colaboración. Peyongo menciona que organizan actividades comunitarias en las que comparten recursos y equipos, fortaleciendo la solidaridad entre quienes dependen de este oficio.

”La naturaleza convive con el ser humano: botes, muelles y aves comparten el mismo espacio” Peyongo así como otros pescadores alimentan a diario a estas aves-
Foto por Loryann Caraballo y collage por Kediel Villafañe

Además de su labor, encuentra satisfacción en ayudar a otros. Siempre que tiene la oportunidad, comparte parte de su pesca con personas del pueblo, reafirmando su compromiso con quienes lo rodean. Para él, el mar no solo representa una fuente de ingresos, sino también una manera de contribuir al bienestar de su comunidad.

La alegría y pasión por la pesca se mantiene siempre viva en su corazón, al igual que las enseñanzas que le dió su padre-Foto por Loryann Caraballo

Un legado que resiste

A sus 80 años, continúa saliendo al mar, no solo por necesidad, sino por convicción. La pesca no es solo un oficio, es una forma de vida qué ha definido su historia desde la niñez. Su relato representa la realidad de muchos pescadores que, frente a dificultades económicas, cambios ambientales y falta de apoyo institucional, luchan por mantenerse. Mientras el sol termina de elevarse sobre el Barrio Islote, sector Jarealito, Peyongo sigue adelante, aferrado a una tradición que se resiste a desaparecer y que forma parte esencial de la identidad cultural de su comunidad.

Video y edición por- Amy Valle

Texto: Kediel Villafañe

Fotos: Loryann Caraballo

Video: Amy Valle

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Author: Colaborador/a de Tinta Digital
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Por Tinta_Digital

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