Hay personas que hablan desde la teoría y otras que hablan desde el aprendizaje. Mari Carmen Romero pertenece al segundo grupo. Su historia no nace desde la comodidad, sino desde el dolor, la pérdida, la fe y la capacidad de levantarse una y otra vez aun cuando la vida parecía derrumbarse frente a ella.
Texto: Génesis Román
Fotos: Shawn Perez
Video: Raul S. Luciano
Natural de Camuy, Mari Carmen es líder del ministerio “Creadas para este tiempo”, un espacio dedicado a acompañar, restaurar y motivar mujeres que atraviesan procesos de dolor, depresión, violencia, luto y baja autoestima. Sin embargo, antes de convertirse en voz de esperanza para otras, tuvo que sobrevivir a sus propias batallas.

Su niñez estuvo marcada por el miedo y la inestabilidad. Creció en un hogar donde el alcoholismo y la violencia eran parte de su realidad cotidiana. Recuerda cómo, junto a sus hermanas, tenía que salir huyendo de su casa cuando su padre, bajo los efectos del alcohol, se tornaba agresivo y las perseguía con un machete. En medio de aquella infancia difícil, encontró refugio en casa de una tía, pero las heridas emocionales continuaron creciendo. Durante su niñez también fue víctima de agresión sexual por parte de un primo, una experiencia que dejó marcas profundas en su vida.
A pesar de las dificultades, Mari Carmen decidió seguir adelante y prepararse académicamente. Estudió un grado asociado en Secretarial Médico en la Universidad Interamericana de Puerto Rico. Aunque cargaba con heridas, nunca dejó de luchar por salir adelante.
La vida adulta tampoco fue sencilla para ella. En su matrimonio atravesó episodios de violencia doméstica que la llevaron a vivir momentos extremadamente dolorosos. Uno de los más impactantes ocurrió semanas antes de la pérdida de su hijo mayor, cuando fue agredida físicamente por su pareja. En medio del temor y la desesperación, asegura que encontró fuerzas únicamente en Dios para sobrevivir y continuar adelante.
Sin embargo, el golpe más fuerte de su vida llegó con la pérdida de su hijo mayor tras un accidente de tránsito. Mari Carmen recuerda aquel día como uno de los momentos más devastadores que ha enfrentado. Desde antes del accidente, asegura que Dios venía inquietando su corazón a través de sueños y experiencias espirituales que ella anotaba en un diario personal. Cuando recibió la noticia, corrió desesperadamente al lugar del accidente clamando a Dios por la vida de su hijo.

Personas que estuvieron presentes recuerdan cómo Mari Carmen llegó orando, llorando y pidiéndole a Dios un milagro. En medio del caos y la angustia, comenzó a clamar tan intensamente que quienes se encontraban allí terminaron uniéndose en oración junto a ella. Aunque luchó con todas sus fuerzas y con toda su fe, el desenlace fue doloroso. Su hijo falleció, dejando en ella una herida profunda que transformó por completo su vida.
Mari Carmen describe aquel proceso como una etapa en la que perdió el deseo de vivir. La depresión, el duelo y las preguntas sin respuesta comenzaron a consumirla emocionalmente. “Yo sé lo que es morir en vida”, expresa con sinceridad. Para ella, la pérdida de un hijo es un dolor imposible de comparar, una conexión que comienza desde el vientre y permanece para siempre.
Actualmente le sobrevive su hijo menor, quien también se convirtió en una de sus mayores motivaciones para continuar adelante.
Como si fuera poco, en medio de ese proceso de dolor, también enfrentó serias complicaciones de salud. Hace dos años sufrió una perforación intestinal que la mantuvo hospitalizada durante más de veinte días y posteriormente bajo tratamiento en su hogar. Además, padeció hidronefrosis en ambos riñones, situaciones que pusieron en riesgo su salud y fortalecieron aún más su fe en lo divino.
Pero en medio de cada proceso, Mari Carmen asegura que encontró refugio en Dios. Fue a través de la oración, de su intimidad espiritual y de la palabra que comenzó poco a poco a reconstruirse emocionalmente. Explica que hubo momentos donde sentía que no tenía fuerzas para continuar, pero que en medio de su quebranto, encontró la fortaleza divina que humanamente no hallaba.

Para Mari Carmen, ayudar a otras mujeres no nace simplemente de una motivación humana, sino de las herramientas espirituales que Dios ha puesto en sus manos a través de cada proceso vivido. Entiende que sus experiencias dolorosas le permitieron desarrollar sensibilidad, empatía y compasión hacia otras personas que hoy atraviesan situaciones similares.
“Cuando uno pasa por situaciones difíciles, puede entender verdaderamente el dolor de otros”, expresa. “Dios fue quién me sostuvo y ahora quiero ser instrumento para sostener a otras mujeres”.
Fue precisamente en uno de sus momentos de oración donde nació el ministerio “Creadas para este tiempo”. Durante una vigilia, Mari Carmen relata que Dios le mostró la imagen de una mujer encorvada, atrapada en una cueva oscura, llena de temor, dolor y desesperanza. Aquella visión se convirtió en un llamado para ayudar a mujeres heridas emocionalmente.

Desde entonces, decidió dedicar su vida a acompañar a mujeres que sienten que no tienen salida. El ministerio no solo ofrece palabras de motivación, sino también acompañamiento genuino y cercano. A través de grupos de apoyo, cadenas de oración, actividades comunitarias y visitas, buscan recordarle a cada mujer que todavía hay esperanza y que aún después del dolor se puede volver a vivir.
Dentro del ministerio han sido muchas las vidas impactadas. Mari Carmen recuerda el caso de una mujer en particular que atravesaba una fuerte crisis familiar y emocional. Luego de integrarse al grupo de apoyo y recibir acompañamiento espiritual, la joven logró restaurar áreas importantes de su vida y reconciliarse emocionalmente con procesos que llevaba cargando durante años. También menciona el testimonio de una mujer paciente de cáncer por quién el ministerio estuvo orando constantemente hasta ver cambios positivos en medio de su proceso.
El ministerio funciona como una red de apoyo entre mujeres. A través de un chat grupal comparten peticiones de oración, mensajes de ánimo, canciones y reflexiones. Cuando alguna integrante necesita apoyo emocional o espiritual, las demás se movilizan para acompañarla, visitarla y recordarle que no está sola.
Además de trabajar directamente con mujeres, “Creadas para este tiempo” también realiza labor comunitaria. Ha llevado desayunos y mensajes de esperanza a personas sin hogar, visitado comunidades y desarrollado iniciativas para impactar personas en diferentes espacios públicos y laborales. Mari Carmen asegura que muchas veces un simple abrazo, una palabra o una sonrisa pueden cambiar completamente el día e incluso la vida de alguien. A través de dichos vínculos con la comunidad ha encontrado paz y sosiego para lidiar con sus duelos y sus propias situaciones de vida.

Recuerda especialmente una ocasión en la que visitó una panadería y notó a dos jóvenes con semblantes de tristeza y agotamiento emocional. Movida por lo que sintió en su corazón, decidió escribirles un pequeño mensaje de ánimo y entregárselo personalmente. La reacción de ambas jóvenes fue inmediata. Sus rostros cambiaron por completo y terminaron agradeciéndole entre lágrimas. Para Mari Carmen, momentos como ese confirman que el propósito del ministerio es llevar esperanza a quienes sienten que la han perdido.
Mari Carmen asegura que su propósito es que otras mujeres puedan verse reflejadas en ella.
“Si yo pude salir de la depresión, del luto, de la violencia y del dolor, ellas también pueden”, afirma.
